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in Asia, Camboya

Angkor Wat, cuando te mata lo que te hizo nacer

  • 15/03/2020
  • By Alberto Romay
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Angkor Wat, cuando te mata lo que te hizo nacer

Angkor Wat es el edificio religioso más grande del mundo y los camboyanos están muy orgullosos de él. Tanto, que hasta lo tienen en la bandera, donde aparece la silueta frontal del edificio. Y no es para menos ya que, todo el conjunto, está compuesto por más de mil templos que se extienden por el interior de la selva abarcando más de 200 kilómetros cuadrados.

A pesar de que ahora la visita a Angkor Wat representa casi el 20% del producto interior bruto de país, lo cierto es que, cuando se construyó, solo podía entrar la élite del gobierno. Tras la caída de los jemeres, fueron los monjes budistas que lo habitaron los que lograron mantener con vida al edificio. Un monumento que lo mató aquello que le dio vida.

CUANDO LOS MONZONES DEJARON LLUVIA E INFLUENCIA

“Hùntián se había levantado nervioso esa mañana, pues había soñado que un genio le entregaba un arco divino. No sabía que podía significar, así que se dirigió al templo para que le tradujeran sus sueños. Allí se encontró con un arco a los pies de un árbol. Las profecías no podían estar equivocadas. Se subió a un barco y ascendió desde Jiao, primero bordeando la costa y luego internándose en el mar, hacía la gran tierra.

Allí, Liuye, la reina de país, trató de saquear su barco, pero Hùntián no se lo iba a poner fácil. Cogió el arco que había encontrado bajo el árbol y lo disparó contra el barco de Liuye. Esa flecha lo atravesó. La reina, asustada ante tal hecho, se rindió. Hùntián, una vez que la tuvo delante, decidió perdonarle la vida casándose con ella. Tuvieron un hijo y fue a él al que le cedió el poder.”

Tanto en el Libro de Liang como en el Libro Jin escritos en el siglo VII en China, cuentan de forma parecida esta historia. Éste es el origen de Funán, un pueblo que estuvo asentado en el sur de Vietnam y Camboya. Aunque los pobladores eran nativos de la zona, los fuertes vientos y las lluvias monzónicas que azotaban las costas en el periodo de lluvias, hizo que muchos mercaderes hindúes se quedaran en aquella zona varados. Esperando a que el tiempo mejorase, entablaron mucha relación con aquel pueblo, al que influenciaron tanto religiosa como políticamente y que serían los antecesores de los Jemeres, los constructores de Angkor Wat.

Templo de Angkor Wat en Siem Reap
Esta es la icónica imagen de la bandera de Camboya. Sharong Ang
REUNIFICACIÓN Y TRASLADO

Pero los orígenes de Angkor Wat no se encuentran cerca de la costa, sino en las montañas. Allí, a 40 kilómetros de su ubicación actual y a más de 250 de la costa, se originó la cultura Jemer. El reino de Funán se había extendido hacia el norte, hacia las montañas de Phnom Kulen. Allí seguían comerciando con los marineros hindúes, que habían ascendido el rio Mekong y tomaron uno de sus afluentes hasta el lago Tonlé, el más grande del sudeste asiático.

En ese intercambio, no es de extrañar que el primer rey Jemer, Jayavarman II, tomase una variante de la religión hindú como propia, declarándose a si mismo como rey-Dios. Éste unificó el reino de Funán y sus herederos y, una vez logrado, empezó a ampliar su territorio. En esta expansión movió la capital varias veces hasta que, por último, la situó cerca del lago Tonlé, no muy lejos de lo que en un futuro sería Angkor Wat.

Ya con el nuevo reino unificado y pacificado, quedaba lo más difícil, mantenerse. En un lugar con 6 meses de fuertes lluvias y 6 meses de sequía, eso no era algo sencillo, ya que era muy difícil poder alimentar a la población. Pasaron decenas de años hasta que, su sobrino, encontró la solución.

EL CONTROL DEL AGUA Y DEL HAMBRE

Éste había subido al trono sucediendo a su primo, el hijo de Jayavarman II. Hizo algo mucho más importante que controlar a la población, controló el agua. Así, durante su reinado se construyó el primer embalse, lo que ayudó a mantener estables las cosechas y producir arroz en abundancia.

Templo de Angkor Wat en Siem Reap
Vista desde lo alto del templo. Wong YP

Este fue el origen de las grandes canalizaciones de agua que podemos ver hoy en día en torno a Angkor Wat. Abastecían los campos de cultivo y daban de beber a la población en los periodos de sequía. Con esta producción dominada, empezó a tener grandes excedentes que podía vender. De esa manera, la economía empezó a florecer, lo que ayudó a que se diversificase.

Además de todo eso, los embalses y canales que habían creado les servían como medio de trasporte. Así resultaba más sencillo poder comerciar con otras tribus y pueblos. Gracias a eso pudieron mejorar sus herramientas y armas que, en un futuro, les sería tan útiles.

UNA SUBIDA AL TRONO POCO LEGÍTIMA

Fue ya el siguiente rey el que se trasladó a la Capital de los Templos o Angkor Wat, aunque en ese momento todavía se llamaba Preh Pisnokar. Aún hay que esperar dos siglos y casi una decena de reyes para que se empiece a construir el gran templo. Esto ocurrió en 1113, durante el reinado de Suryavarman II, que había subido al trono asesinando a su tío. Aunque no era nada extraño en aquella época, si que tiene bastante importancia por lo que significó.

Suryavarman y su tío estaban enfrentados. El pueblo y el ejército se dividieron entre los partidarios de uno y de otro y los rifirrafes eran continuos. De esta manera, no tardó mucho tiempo en empezar una guerra civil. Durante la batalla final que enfrentó a ambos ejércitos, Suryavarman salió victorioso. Cuenta la leyenda que fue él mismo el que saltó sobre el elefante donde estaba su tío y lo mató con sus propias manos.

Templo de Angkor Wat en Siem Reap
Amanecer en Angkor Wat reflejado en el canal. Lukas Kloeppel

Fuera así o no, lo cierto es que, una vez de vuelta en la capital, mandó erigir Angkor Wat. Para ello soltó un buey y, allí donde se posara, comenzaría a levantar su templo, ya que esto era símbolo de buena fortuna y un buen presagio divino. La idea de crear ese templo colosal, el más grande jamás creado, tenía un doble propósito. Por una parte era mostrar el gran poder que tenía el nuevo rey y, por otra, congraciarse con los dioses, ya que él mismo sabía que su subida al trono no era legítima.

UN LIJADO DE 5 MILLONES DE PIEDRAS

Para construir el templo de Angkor Wat puso todo su empeño, de ahí que sólo necesitase 32 años para levantarlo. Se cree que iba a ser su tumba, pero no hay datos ni pruebas que así lo corroboren. Esta proeza arquitectónica cobra más valor si la ponemos en contexto ya que, en ese mismo periodo, edificios como la catedral de Notre Damme en París, necesitó casi 200 años para terminarse.

La mano de obra que hizo falta fue inmensa. Las estimaciones hablan de casi 50.000 obreros los necesarios para mover los 5 millones de bloques de piedra de arenisca que se utilizaron. En total, el más de medio millón de toneladas de piedra usado fue fijado sin ayuda de ningún tipo de mortero. Esto es muy importante ya que, las figuras y los detalles que tiene, fueron realizados después de haber sido asentadas las piedras. De esta manera, las figuras, como algunos bajorrelieves de hasta 2,5 kilómetros de longitud, actúan como una sola pieza. Por suerte, los hábiles artesanos jemeres hicieron un gran trabajo ya que, cualquier mínimo error, hubiera estropeado todo el conjunto.

Pero para poder lograr que los detalles esculpidos en piedra parezcan sola uno, la unión entre las rocas debía ser perfecta, sin ningún tipo de imperfección o hueco. Para ello colocaron una piedra sobre la otra y las deslizaban entre sí para lijarlas. Este era un proceso muy lento, pero la unión entre las rocas era impecable. Eso da más valor todavía al escaso tiempo que necesitaron para levantar Angkor Wat, que es la quinta parte de lo que necesitaron para construir Notre Damme.

Templo de Angkor Wat en Siem Reap
Bajorrelieves dentro del templo que parecen una única piedra. Tuan Hung Nguyen
UN FOSO QUE SIRVE DE CIMIENTO

La capital Jemer fue la ciudad más grande del mundo durante ese periodo y llegó a contar con más de 750.000 habitantes. En medio de esa gigante metrópoli se encontraba el templo de Angkor Wat rodeado por un gran foso de agua. Este era muy importante ya que controlaba el flujo de agua, servía como canal de transporte y, además, ayudaba a que los débiles cimientos no se vinieran abajo.

El control del agua fue vital para el desarrollo del Imperio Jemer y por eso construyeron cientos de embalses y canales. Estos ayudaban a controlar el periodo de lluvias y de sequía pero, además, la profundidad y el caudal de los canales favorecían el transporte marítimo. De esa manera, con los más de 200 canales que existían, se lograron mover los bloques de piedra desde las canteras situadas a 40 kilómetros hasta la capital. Además, el agua del foso compacta la tierra bajo el templo, ayudando a que el templo no se derrumbe.

El dominio de la técnica que tenían era excepcional. Solo así se explica que, su embalse principal, pudiera almacenar más de 50 millones de metros cúbicos de agua. En total, dentro de su perímetro rectangular de 8 kilómetros de largo por 2 de ancho, pueden entran la friolera de 15000 piscinas olímpicas.

Templo de Angkor Wat en Siem Reap
Detalle de la torre central. Falco
COLOR, ORO Y UN AÑO EN CODOS

Angkor Wat es la recreación del cielo de los hindús y, la torre central, representa al monte Meru, aunque estaba dedicado a la divinidad Vishnu, el dios protector. Es por eso que las escaleras son tan empinadas, llegando a tener hasta un 70% de desnivel. De este modo querían representar el atrevimiento y angustia del ser humano por escalar su camino hacia la hermosura y el paraíso.

Los techos y las puertas del edificio estaban decorados con pan de oro, al igual que las 5 torres de la cúpula, que se elevan simulando una flor de loto. De todas ellas, la central es la más alta, sobresaliendo con 65 metros de altura. Además las paredes resaltaban con los cientos de colores que la adornaban, pero de esta policromía solo quedan pequeños rastros.

Las dimensiones del edificio tampoco fueron concebidos al azar. El diámetro interno del edificio donde se sitúa la cúpula central mide 365,37 codos camboyanos, que es lo que dura un ciclo solar. Pero es que, además, los muros exteriores miden 12 veces 365.24 codos, la duración de un año solar y sus 12 meses. Algo, cuanto menos, sorprendente.

Por si esto fuera poco, en cada equinoccio, si te sitúas en el camino que lleva al templo a las 6:35 de la mañana, podrás observar cómo el sol se eleva por detrás de la cúpula principal. De esta manera, los jemeres querían representar las bendiciones que les otorgaba su dios protector, Vishnu, en cada ciclo.

UN EFÍMERO RAYO DE ESPERANZA

Tras la muerte de Suryavarman II parecía que el reino iba a entrar en un largo periodo de paz y prosperidad. Pero nada más lejos de la realidad. Sus herederos lucharon y se enfrentaron entre si por el poder. Además, tuvieron que hacer frente a una gran presión migratoria, pues hubo muchos siameses que empezaron a llegar a esta zona desde China. El motivo, Gengis Khan había empezado su expansión.

Además, en las fronteras, eran continuas las incursiones de pueblos cercanos que ansiaban las riquezas y la fuerza de los jemeres. Los más activos, los champa, un pueblo que habitaba el sur de Vietnam y que llegó a saquear Angkor Wat. Pero aún hubo tiempo para un rayo de esperanza: Jayavarman VII.

Templo de Angkor Wat en Siem Reap
Columnas en el templo. James Wheeler

Este rey se coronó a si mismo cuando logró detener las incursiones de los champa. Una vez las fronteras estuvieron seguras, puso fin a las disputas internas. Fue el primer monarca budista y es considerado el más poderoso de la historia jemer. Una vez en el trono tuvo dos importantes preocupaciones, las obras públicas y la expansión del territorio.

Creo y mejoró carreteras, levantó hospitales y construyó nuevos templos, entre los que se encuentran el de Ta Prohm, el de Bayón y el de Angkor Thom, al que nombró capital. Además logró expandir al máximo el territorio jemer, ocupando casi todo el territorio de Tailandia, Camboya, Laos y Vietnam en la actualidad.

MORIR POR LO QUE TE HABÍA HECHO GRANDE

Pero ese periodo dorado duró poco ya que, tras la muerte de Jayavarman VII la decadencia fue imparable. Fueron muchos los motivos que se unieron para acabar con el Imperio Jemer, aunque aún lograron sobrevivir 3 siglos más. Pero aquel glorioso pasado nunca más volvió.

Durante este periodo se produjo un hecho vital, el tiempo había cambiado. Lo que antes había provocado su desarrollo, ahora se convertía en su fin. Para poder alimentar a la enorme población, deforestaron cientos de kilómetros de bosque que convirtieron en campos de arroz. La falta de árboles ya no podían detener las riadas provocadas por los monzones, a lo que se unió el mal mantenimiento de los canales y embalses. Pero si las riadas no destrozaban las cosechas, lo hacía la sequía. Grandes periodos seguidos de escasez de agua provocaron grandes hambrunas y enfermedades entre la población.

Por aquel entonces, los siameses que habían llegado escapando de Gengis Khan empezaron a desarrollarse y ganar influencia. Habían formado un reino y, aprovechando esas malas condiciones se empezaron a sublevar contra los jemeres. Las luchas entre ambos pueblos fueron constantes hasta que, en 1431 entraron en Angkor Wat y la saquearon. Un final triste para un imperio que pocos años habían sido dueños y señores de un territorio casi tan grande como Perú.

Templo de Angkor Wat en Siem Reap
Vista lateral desde una de las esquinas del templo. Nicolás R.
CUANDO LA MAYOR BELLEZA NO ERAN LAS MARIPOSAS

Tras el saqueo de Angkor Wat, la capital de los jemeres se trasladó hacia Nom Pen, aunque no fue abandonada del todo. Al contrario de lo que pasó con ciudades como Petra o el Machu Picchu, una comunidad budista continuó habitando los templos, convirtiéndose en un lugar de peregrinaje.

Aunque hubo que esperar hasta el siglo XIX para que se redescubriera a Occidente, Angkor Wat ya había sido visitada con anterioridad. Durante su periodo de decadencia, Zhou Daguan vivió en Angkor durante 1296 y 1297 y escribió un relato contando su experiencia. Aunque era un diplomático enviado por la corte china, también hizo las funciones de espía. Años más tarde, un monje portugués llamado Antonio da Madalena también lo visitó.

…una construcción de tal modo extraordinaria que no es posible describirla por escrito, especialmente diferente de cualquier otro edificio en el mundo. Posee torres, decoración y todos los refinamientos que el genio humano puede concebir.

Antonio da Madalena, monje portugués muerto en 1589

Tras él, fueron muchos los aventureros que llegaron al lugar, pero hubo que esperar hasta que Henri Mouhot le devolviera la fama. Este explorador francés se topó por casualidad con el edificio cuando estaba catalogando nuevas especies de mariposas para la Royal Geographical Society y la National Geographic Society. Desde ese momento su fama fue en ascenso.

En 1908 comenzaron los primeros trabajos de reconstrucción. Se restauraron y reformaron cientos de templos hasta que, en los años 70, la irrupción de los jemeres rojos detuvo todo trabajo. Años después del fin de la revolución, Angkor Wat fue declarado patrimonio de la humanidad. Una joya que todavía guarda muchos misterios.

By Alberto Romay, 15/03/2020 Aventurero por inquietud y escritor por placer. Viajar no solo es visitar un lugar, sino también conocer sus leyendas. Apasionado del marketing en mis tiempos libre
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Alberto Romay

Aventurero por inquietud y escritor por placer. Viajar no solo es visitar un lugar, sino también conocer sus leyendas. Apasionado del marketing en mis tiempos libre

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