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in Europa, Francia

El Barrio Latino de París, o cuando el latín le dio vida

  • 09/11/2019
  • By Alberto Romay
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El Barrio Latino de París, o cuando el latín le dio vida

El barrio latino, conocido como Quarter Latin en francés, este es uno de los barrios más de moda de París y, además, uno de los más bonitos. Se encuentra situado entre la Île de la Citè, los jardines de Luxemburgo y el Museo Nacional de Historia Natural. En su interior se encuentran edificios como el Panteón, el Shakespeare and Co o la gran Mezquita de Paris.

El nombre de barrio latino proviene de la Edad Media. Fue allí donde, a mediados del siglo XIII, fundaron una de las universidades más famosas de la historia. Esta es conocida como la de la Sorbona y allí aún continúan ubicadas muchas de sus instalaciones. Es por eso que, por la concentración de estudiantes y profesores, era muy habitual escuchar hablar en latín. De ahí, el resto de la ciudad acabó conociéndolo con ese nombre.

UN BARRIO ANIMADO

Al ser un barrio de estudiantes, era inevitable que el barrio latino se convirtiera en uno de los más animados de París. Pero, además, este lugar fue también un foco en uno donde se concentraba la cultura. En él habían numerosos cines, pequeñas librerías vintage, salas de conciertos y teatros muy conocidos. Entre ellos el Théâtre de l’Odéon, cuyo escenario vió por primera vez Las Bodas de Fígaro, de Mozart.

Los estudiantes fueron una gran influencia para la ciudad, ya sea por los movimientos o por la militancia política. Un gran ejemplo lo tenemos, sobre todo, durante los siglos XIX y XX. Por eso, no es de extrañar que el Mayo Francés de 1968 empezara en estas calles. El resultado fue la mayor revuelta estudiantil jamás vista, que desembocó la mayor huelga general de la historia de Francia. Ésta, que fue secundada por más de nueve millones de trabajadores es, posiblemente, la mayor de Europa occidental.

Pero el Barrio Latino es mucho más que eso. Aquí puedes encontrar cientos de pequeños rincones maravillosos. Sobre todo muchos para comer y disfrutar de la increíble gastronomía parisina y francesa. Por desgracia, en los últimos años se han instalado muchos locales de comida rápida. Aún así, el barrio latino de París tiene algo que engancha.

POR UNA CURA, UNA IGLESIA

El Panteón es uno de los monumentos más conocidos del barrio latino. Y tal vez de la propia capital francesa. Sus inicios datan de los últimos años del reinado de Luis XV, allá por el siglo XVIII. El monarca por aquel entonces estaba muy enfermo. Es por eso que prometió erigir una iglesia en honor a la patrona de París, Santa Genoveva, si lograba curarse. A pesar de que ya hubo una iglesia en honor a la santa, esta estaba en un estado de conservación muy precario, hallándose casi en ruinas. Es por eso que decidieron que el nuevo templo se construyera sobre sus restos. Con los años, esa nueva iglesia se convertiría en el Panteón de París.

El edificio es de estilo neoclásico y siguió varios patrones para su diseño. Uno fue el Panteón de Agripa de Roma para el pórtico y otro el de la catedral de San Pablo de Londres, para la cúpula. Es por eso que tiene unas dimensiones que impresionan a la vista. Tanto que, hasta la construcción de la Torre Eiffel, fue uno de los edificios más grandes de París. En total, mide 110 metros de largo, por 84 de ancho y 83 de alto.

A pesar de su majestuosidad y de sus medidas, su arquitecto murió de forma prematura. Es por eso que a la muerte Soufflot, como así se llamaba el arquitecto, las obras se retrasaron bastante. Aún así, su construcción duró solo veintiséis años. El edificio fue finalmente inaugurado en 1790. Para entonces era su hijo el que estaba en el trono. Pero sólo pudo disfrutar del edificio dos años. En 1792 le cortaron la cabeza. La Revolución Francesa había llegado a su culmen.

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Imagen frontal del Panteón de París. Pexels
UNA IGLESIA NO CONSAGRADA PARA LOS HOMBRES ILUSTRES

La idea inicial era que la iglesia se dedicase a la adoración de la patrona de la ciudad. Pero en 1791 la Asamblea Nacional Francesa votó algo muy diferente. Como el edificio no había sido consagrado como iglesia, serviría de templo para albergar los cuerpos de los hombres ilustres de la patria. Por eso, entre 1791 y 1793, el edificio fue remodelado, adquiriendo su aspecto actual. Es por eso que, en el frontispicio grabaron la inscripción Aux grands hommes la patrie reconnaissante (A los grandes hombres, la patria agradecida).  

Hasta la llegada de la Tercera República, el edificio había ido cambiando su uso civil y religioso. Pero, tras su llegada, se le devuelve definitivamente su uso laico con motivo del funeral de Victor Hugo en 1885. Éste fue despedido como una auténtica celebridad. De hecho, fueron más de 2 millones de personas los que le velaron. Desde entonces es el lugar de descanso de los grandes hombres honrados por la República francesa.

El Panteón alberga los féretros de 65 personalidades de la historia de Francia. Entre ellos Voltaire, Rousseau, Marat (retirado en 1794), Victor Hugo, Émile Zola, Jean Jaurés, Jean Moulin, Marie Curie, Louis Braille, Jean Monnet y Soufflot, su arquitecto. En 1927, se colocó una placa con los nombres de los escritores franceses muertos durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Y, tras el final de la Segunda, repitieron el mismo acto de homenaje para los caídos en aquella guerra. El 30 de noviembre de 2002, los restos de Dumas fueron traídos desde el cementerio de Villers-Cotterêts, para que reposan aquí.

Una de las cosas más curiosas es que, en su interior, adornado de bajorrelieves y pinturas donde se mezclan elementos religiosos y republicanos, hay una réplica del péndulo de Foucault. Esta esfera de 47 kilos, suspendida de un hilo de 67 metros, demuestra el movimiento de rotación de la tierra sobre su eje.

UN REFUGIO LITERARIO

Shakespeare and Company abrió sus puertas en 1919 como refugio literario especializado en obras de autores anglosajones. Y era, además, un lugar de encuentro para los escritores de la llamada Generación Perdida. Estos autores, como F. Scott Fitzgerald, James Joyce o Ernest Hemingway, lograban encontrar entre sus estanterías libros que  habían sido considerados prohibidos. Pero la librería que conocemos hoy en día, que abrió Sylvia Bleach, aunque mantienen la esencia, no es la original. Aquella tuvo que cerrar en 1941, durante la invasión nazi.

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Entrada del Shakeaspeare and Company. Pixabay

Aquel año, un oficial nazi entró en la librería e intentó comprar una copia de Finnegans Wake, una obra de ficción cómica de James Joyce. Sylvia Beach, la dueña, rechazó la petición alegando que era la única copia que tenía y que pertenecía a su colección personal. Dos semanas más tarde, el oficial regresó para informarla de que todos sus bienes iban a ser requisados. En un par de horas toda la gloria de la librería se había venido abajo. Al no tener libros, tuvo que cerrar.

UNA LIBRERÍA CON LA MISMA ESENCIA

Cinco años más tarde llegó a la ciudad George Whitman para inscribirse en la Sorbona. Y lo hizo gracias a un programa, llamado GI Bill, que permitía a los veteranos de la Segunda Guerra Mundial financiar sus estudios.

Como fanático de la literatura, Whitman abrió una librería en el número 37 de la rue de la Bûcherie en el año 1951. Aunque trataba de seguir la esencia de la antigua Shakespeare and Company, aún pasaron varios años hasta que Bleach aceptara a dejarle usar el nombre de su antiguo negocio. Aunque al principio constaba sólo tres habitaciones, rápidamente se extendió a los pisos de arriba.

Tenía la misma idea de tener las mejores obras de los escritores más prolíficos del idioma inglés. Así, pronto se encontrarían entre sus habituales Allen Ginsberg y William Burroughs. Pero no solo prestaba y vendía libros, ya que también organizaba seminarios gratuitos. De esta manera, la gente podía aprender italiano o ruso y debatir sobre temas sociales y culturales de la época. 

Hoy en día, Shakespeare and Company ocupa seis pisos en el barrio latino, tiene un café propio y ha sido ampliado con dos pequeños espacios a la vuelta de la esquina. Una de las cosas que perduran es que te puedes quedar a dormir en la librería por solo unas horas de trabajo al día. La entrada es gratuita, pero el aforo limitado a un reducido número de personas. Por eso, si llegas en una hora de alta demanda, puede que tengas que esperar tu turno para entrar.

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Detalle interior del Museo Medieval de Cluny. Pixabay
UNAS TERMAS PARA APRENDER HISTORIA

El Museo de Cluny (Musée de Cluny), también conocido como Museo Nacional de la Edad Media de París, es un museo imprescindible si te gusta la historia. Su colección abarca miles de obras procedentes de entre los siglos III y XVI. Entre ellas se incluye una magnífica exposición de tapices, esculturas, vidrieras, orfebrería, joyería y marfiles. En total, cuenta con más de 23.000 piezas de las que sólo exhibe alrededor de 2.300.

El origen se remonta varios miles de años atrás ya que fueron los galos quienes construyeron aquí unas termas, las thermes de Cluny. Estos restos todavía se conservan y pueden verse durante la visita al museo. Lo que queda de ellas se ha conservado debido al abad de Cluny. Éste, cuando planeó la construcción de la abadía, pensó en demoler el enorme complejo subterráneo de túneles, pero sería demasiado costoso. Así por economía, prefirió edificar sobre ellos.

Su nombre lo toma de los Abades de Cluny, ya que fue este edificio donde albergaron un hospicio y una residencia de la hermandad. Pero éste tuvo varias reformas entre 1485 y 1510 ordenadas por el abad de Cluny, Jacques d’Amboise. Durante la Revolución Francesa fue adquirido por un médico que lo utilizó como sala de operaciones. Pero, un poco antes, María Tudor, lo había utilizado como residencia temporal tras la muerte de su marido.

COMPRAR EL HOTEL PARA LOS «REYES DE ISRAEL»

El origen como museo data de la época de Alejandro du Sommerard. Este arqueólogo instaló aquí, en 1833, su colección de obras y objetos medievales y renacentistas. A su muerte, el gobierno de Francia decidió comprar el llamado Hotel de Cluny y su colección completa, compuesta por casi 1.500 piezas. Sobre ella inaugurarían el Museo de Cluny.

En décadas posteriores fue ampliando su exposición mediante la adquisición de nuevas obras de arte. Fue precisamente su hijo, Edmond, el encargado de adquirir obras tan relevantes como los tapices de La Dama y el Unicornio o parte del tesoro visigodo de Guarrazar.

Además, en una de las galerías, llamada Galería Notre Dame, puedes ver las monumentales estatuas de los reyes de Israel, todas ellas realizada con la finalidad de adornar la fachada occidental de Notre Dame de París. Durante la Revolución Francesa las cabezas de los reyes fueron decapitadas y halladas dos siglos después. En 1977, mientras se realizaban unas excavaciones en Notre Dame, se encontraron las cabezas y, tras ser reconstruidas fueron trasladadas a esta sala del Museo Cluny.

Pero no sólo merece una visita la parte interior del museo, sino también su Jardín Medieval. Este comunica el museo con la Rue Du Sommerard y la vegetación que lo conforma representa las flores, hierbas y arbustos que aparecen en las obras expuestas dentro del museo.

Visitas imprescindibles en París
Una de las calles para perderse en Barrio Latino. Pixabay
UNA MEZQUITA, UN JARDÍN Y EL CALLEJÓN DE UN GATO NEGRO

Entre las calles del barrio latino también se encuentra la Gran Mezquita de París, considerada la más antigua de la Francia metropolitana. Construida en 1920, con un estilo hispano-morisco, está dominada por un minarete de 33 metros de altura y un patio rodeado por arcadas esculpidas inspiradas en la Alhambra de Granada. La sala de las plegarias es una parada obligatoria en la visita por su decoración como sus magníficas alfombras.

No muy lejos de allí se encuentra el Jardín de las Plantas que fue el punto de origen del Museo Nacional de Historia Natural. Su historia se remonta a 1635, cuando el rey Luis XIII reservó este emplazamiento como terreno de cultivo de plantas medicinales. Estas estaban destinadas a aliviar las dolencias de los miembros de la Casa Real. Años más tarde se prescindió de su uso como farmacia y se convirtió en un importante centro de investigación. Pero no fue hasta 1783 cuando se le bautizó como Jardín des Plantes e inaugurado como Museo Nacional de Historia Natural.

Uno de los puntos más curiosos es Rue du Chat qui Pêche (La calle del gato que pesca). Este callejón tiene el honor de ser el más estrecho de París. Concretamente 1.8 metros de anchura y 29 metros de longitud. Su extraño nombre del que no se sabe el origen, está envuelto en leyendas de gatos negros desde el siglo XV. Se cree que un sacerdote llamado Dom Perlet, amante de la alquimia, tenía un gato negro muy inteligente que era capaz de pescar peces del Sena con un golpe de sus patas. Convencidos de que se trataba de un hecho diabólico, tres estudiantes mataron al gato y lo arrojaron al río. Estaban seguros de que el gato y el alquimista eran una sola cosa… Al morir el gato el alquimista desapareció, pero reapareció poco después. En cuanto al gato, volvió a pescar tranquilamente al borde del agua.

Para acabar, os damos dos alternativas más como son la Iglesia de Saint Severin y la de Saint Julien le Pauvre. Ambas iglesias son de estilo románico, aunque la importancia de la primera supera a la segunda. Además, la calle en la que se encuentra (rue Saint Jacques) no se llama por casualidad, ya que hace referencia a que está en el Camino de Santiago francés.

By Alberto Romay, 09/11/2019 Aventurero por inquietud y escritor por placer. Viajar no solo es visitar un lugar, sino también conocer sus leyendas. Apasionado del marketing en mis tiempos libre

Alberto Romay

Aventurero por inquietud y escritor por placer. Viajar no solo es visitar un lugar, sino también conocer sus leyendas. Apasionado del marketing en mis tiempos libre

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