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El Chateau Frontenac, el hotel más icónico de Quebec

  • 12/04/2020
  • By Alberto Romay
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El Chateau Frontenac, el hotel más icónico de Quebec

El Chateau Frontenac es, tal vez, uno de los edificios más famosos de todo Quebec. Está situado en esta ciudad canadiense, cuyo casco antiguo, donde se sitúa, es Patrimonio de la Humanidad. Puede ser uno de los hoteles más fotografiados del mundo. Y no es para menos.

Con su estilo europeo, el Chateau Frontenac fue construido para competir con los grandes hoteles de la ruta del Orient Express. De esta manera, el magnate ferroviario William Van Horne, ponía a disposición de sus clientes un hotel a la altura de los mejores del mundo. Construido poniendo énfasis detalles, es un hotel que estaba a la vanguardia del lujo. Hoy, más de un siglo después de su inauguración sigue manteniendo esa premisa.

DONDE SE ESTRECHA EL RÍO ES BUEN SITIO PARA PASAR LA NOCHE

Antiguamente, en Canadá existían más de 200 tribus amerindias que vivían felices matándose entre ellas. Cerca del año 1000, un vikingo llamado Erik el Rojo llegó hasta la costa canadiense. Viendo los increíbles recursos, las maravillas naturales y una cantidad abundante de pescado, decidieron quedarse así. Pero tan pronto como llegaron, desaparecieron, y hubo que esperar 500 años más para que tuvieran que recibir una nueva visita inesperada.

Fue Jacques Cartier, un aventurero francés, quién recorrería las costas canadienses a mediados del siglo XVI y, pocos años después, llegarían los primeros pobladores. Más concretamente, fue Samuel de Champlain quién fundó la ciudad de Quebec en el año 1608. Lo hicieron sobre un antiguo poblado amerindio al que llamaban Kebec, que se traduciría como «donde se estrecha el río”. Era llamado así porque en ese emplazamiento es donde el río San Lorenzo se acota y acerca ambas orillas.

Pero Champlain ya había estado con anterioridad en América. Lo hizo cerca de Boston donde, tratando de montar un campamento permanente, fue atacado por los nativos y obligado a huir. Regresó a Francia lo justo para reponer víveres y volver al Nuevo Mundo. Fue entonces cuando llegó a Quebec y se asentó. Para evitar que le pasara lo mismo que antes, tuvo como objetivo fortificar su posición. Pero no contaba con un enemigo diferente. De los 25 hombres que acompañaron a Samuel de Champlain a Quebec, solo sobrevivieron 8 al primer invierno.

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Estatua de Samuel de Champlain, fundador de la ciudad de Quebec
ESCOGER ENTRE LA NIEVE Y EL CARNAVAL

Tratando de hacer aliados en la zona, entró en conflicto con una de las tribus locales, lo que le obligó a amurallar la ciudad. En ello estaba cuando estalló la guerra entre Francia e Inglaterra. Champlain defendió con firmeza la ciudad de Quebec de los ataques ingleses, pues éstos no consiguieron entrar. Pero la falta de suministro y las malas condiciones le obligaron a rendirla. Por suerte para él, un tratado de paz obligó a devolver Quebec a los franceses tres años después, volviendo él mismo como gobernador.

Unos 100 años más tarde, la ciudad volvería a manos inglesas hasta su independencia. Francia, durante otro tratado de paz, tuvo que escoger si quedarse con esta región o con una isla caribeña. Como el champán se toma frio, pero no helado, decidieron quedarse con Guadalupe. Les pareció mejor idea quedarse con los carnavales y el azúcar que con la nieve. No los culparía.

Pero la comunidad francesa nunca abandonaría la ciudad y continuaría con sus tradiciones. Es de ahí el motivo porque en esta ciudad (y región) sea el francés el idioma oficial. Hasta tal punto diferentes del resto de Canadá que han votado varias veces para independizarse. Aunque siempre ha salido negativo. La última vez por escasos votos.

Desde que Champlain empezara a fortificar la ciudad, todos los gobernadores que tuvo la ciudad dormirían entre sus murallas. Incluso años más tarde durante ya los largos periodos de paz. Tal es así que esta es la única ciudad amurallada que existe al norte de México.

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Vista de la torre desde el casco antiguo de la ciudad de Quebec
CABALGANDO CONTRA TU ENEMIGO A LOS 76 AÑOS

Uno de los gobernadores que tuvo la ciudad durante el periodo francés fue Louis de Buade de Frontenac. Éste era un hombre, como mínimo, extravagante. Ducho en lo militar, pero escaso de cortesía, se enemistó con muchos de los estamentos de Nueva Francia durante su primer gobierno. Pero con un arma en la mano fue imparable. Tuvo unas políticas que no casaban del todo con las que esperaba Francia y su iglesia, por lo que fue llamado a Europa a declarar.  

Durante los 7 años que estuvo en Europa las cosas en la colonia empeoraron. Así que el rey decidió que volviera a Quebec, ya que por lo menos conocía la zona. Asentado de nuevo en el fuerte de San Luis, en medio de las murallas de la ciudad, Louis de Buade logró reflotarla. Mejoró su economía y acabó con la sublevación de una tribu local cabalgando contra ellos a la edad de 76 años.

Este hombre fue muy importante en la historia del Chateau Frontenac , no en vano es de él de quien toma el nombre. Además, puedes observar el escudo de armas de su familia por todo el castillo pero, principalmente, en la pared exterior del arco de la entrada.

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Detalle de los tejados y de su característico estilo
UN HOTEL DEDICADO A UN ENEMIGO

Como ya dijimos, los gobernadores, casi desde la llegada de los primeros colonos, vivían dentro del fuerte de San Luis. Pero la economía de Canadá en general, y de Quebec en concreto, había mejorado mucho. Salvo con los Estados Unidos, no tuvieron guerras, así que se dedicaron al comercio con gran maestría. Es por ello que ya en 1790 abrieron un hotel en el mismo sitio donde años más tarde levantarían el Chateau Frontenac. Y era otro Château (Castillo) también, en este caso dedicado a Haldimand, un gobernador inglés. El enemigo.

Canadá, al igual que sus vecinos del sur, empezó a expandirse hacia el oeste. Fueron muchas las empresas que salieron beneficiadas de esta ola de conquista. Pero entre ellas destacó una, la industria ferroviaria. Estas compañías pusieron vías de tren por toda la zona habitada de Canadá, uniendo ambas costas, la atlántica y la pacífica. Eso le generó muchísimos ingresos y un puesto entre la élite empresarial del país.

Quebec estaba poblada por artesanos y comerciantes que desarrollaban su negocio en paz y prosperidad. Por eso, durante el siglo XIX, empezaron a haber voces críticas en contra de las fortificaciones militares que tenían la ciudad. Viejas, arcaicas y sin ningún uso, fueron muchos los llamamientos que hubo para destruirlas. Aunque el gobernador decidió mantener intacta la ciudad amurallada, el presidente de la Canadian Pacific Railway, William Van Horne, aprovechó la situación.

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El hotel iluminado por las luces nocturnas
UN AVE FENIX HOTELERO

Deseoso de crear el lugar perfecto para que los usuarios de sus trenes hicieran escala, surgió la idea del Chateau Frontenac . William, una vez que logró recaudar los fondos suficientes para la empresa, contrató los servicios de Bruce Price. Éste había sido el arquitecto que diseñó la estación Windsor de Montreal, por lo que lo consideró el hombre adecuado.

Pero primero tenía que solventar un pequeño problema. Donde él quería levantar su hotel ya había uno, el Château Haldimand. Para poder llevar a cabo su obra primero tenía que demoler este viejo hotel. No le costó mucho trabajo convencer a las autoridades, así que tenían vía libre para levantar su sueño. Como el Ave Fénix, un nuevo hotel resurgiría de las cenizas.

El arquitecto se basó en los estilos arquitectónicos de la Edad Media y el Renacimiento para diseñar el proyecto. Y lo hizo para honrar la historia de Quebec. Para lograrlo, trató de inmortalizar la historia de las dos grandes potencias que habían ocupado el fuerte donde se asentaría el hotel. Y el plan le salió a la perfección.

La construcción del Chateau Frontenac empezó en 1892, en el promontorio que domina la ciudad. Pero el diseño original, aunque grandioso, le faltaba la guinda. Inaugurado ese mismo año, abrió con 170 habitaciones, de las cuales 93 tenían baños y chimeneas propios. Ahora nos parece algo arcaico, pero para aquellos tiempos, era todo un lujo. Solo hay que pensar que la exposición de Chicago, donde se enfrentarían Edison y Tesla sobre la energía eléctrica, se celebró al año siguiente.

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Han sido muchas las personas influyentes que han pisado este hall
UN GUIÑO A LA HISTORIA

El hotel había sido un éxito. No en vano fue reformado varias veces a lo largo de la historia. La primera vez fue al poco de entrar en el siglo XX, con poco más de 10 años de vida. Eso sí, en ninguna de esas reformas eliminaron la piedra originaria del Castillo de San Luis, que fue incorporada al hotel durante su construcción. Esa piedra del año 1647, fue desplazada de su ubicación original para integrada en la bóveda del vestíbulo, donde podemos verla hoy en día.

Pero le faltaba un pequeño detalle para hacerlo grandioso. Y ese detalle lo construyeron en 1924. Era la torre central, tal vez lo más llamativo de todo el edificio. Gracias a ella, la capacidad del hotel casi se triplicó y, en el momento de su construcción, fue el edificio más alto de toda Quebec. Además, para inspirarse, tomaron como referencia el Château de l’Isle Savary. Tal vez no sea conocido, pero perteneció a Louis de Buade de Frontenac. Un guiño a la historia.

Desde entonces, gracias a su espectacular situación, es uno de los edificios más fotografiados del mundo. No en vano, ha sido distinguido como uno de los 10 hoteles más icónicos del mundo por la revista Condé Nast Traveller. Es así ya que domina el paisaje de la ciudad, justo enfrente del río San Lorenzo. Además, es probablemente al hotel que mayor cantidad de retratos le hayan hecho. A día de hoy cuenta con 611 habitaciones y tres restaurantes donde ofrecen gran cantidad de lujos gastronómicos. Todo ello tras una profunda remodelación llevada a cabo hace menos de una década.

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Fue en este hotel donde se cambió el rumbo de la Segunda Guerra Mundial
UNAS REUNIONES QUE CAMBIARON LA HISTORIA

Pero este hotel no es solo una cara bonita, pues tiene una importancia decisiva en la historia de la humanidad. Durante la Segunda Guerra Mundial, el Chateau Frontenac fue testigo de una serie de conferencias estratégicas organizadas por las fuerzas aliadas. En estas reuniones participaron muchas de las personas más poderosas de ese momento. Entre ellas, el presidente de los Estado Unidos, Franklin D. Roosevelt, el primer ministro británico Winston Churchill y el primer ministro de Canadá William Lyon Mackenzie King. 

Fue en ellas donde planearon, entre otras acciones, el desembarco de Normandía o la firma contra el uso de armas nucleares. De esta manera, muchas de las decisiones que se tomaron aquí tuvieron un gran impacto en el futuro. Sin estas reuniones, probablemente, el rumbo de la historia hubiera sido muy diferente al que conocemos hoy en día.

LAS ESTRELLAS, LOS FANTASMAS Y EL GOBLIN

Pero Roosevelt o Churchill no han sido las únicas personas importantes que han pernoctado en sus habitaciones. Entre sus famosos inquilinos también destacan rey Jorge VI, la reina Isabel II y su esposo, el Duque de Edimburgo. La Princesa Grace de Mónaco y el Príncipe Rainiero III también estuvieron aquí. Pero la lista es muy larga: Charles de Gaulle, Charlie Chaplin, François Mitterrand, el príncipe Andrés, Paul McCartney, Sarah Ferguson, Charles Lindbergh o, más recientemente Leonardo DiCaprio, Céline Dion o Sting.

Pero una de las visitas más destacadas de todas puede ser la del propio Louis de Buade. Son muchos los huéspedes que afirman haber visto a este hombre vagando entre los pasillos. Incluso hay alguno que, a modo de cazafantasmas, ha intentado cazarlo.

Además, el Chateau Frontenac ha servido como escenario de multitud de películas. Tal vez la más destacada haya sido Yo confieso, dirigida en 1953 por Alfred Hitchcock e interpretada por Montgomery Clift y Anne Baxter. Más recientemente, una popular serie coreana llamada Goblin tuvo a este hotel como telón de fondo. Quién sabe si a Louis de Buade no le pasa como al protagonista de esta serie, que busca a alguien que le quite la maldición de su cuerpo para poder descansar en paz.

By Alberto Romay, 12/04/2020 Aventurero por inquietud y escritor por placer. Viajar no solo es visitar un lugar, sino también conocer sus leyendas. Apasionado del marketing en mis tiempos libre
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Alberto Romay

Aventurero por inquietud y escritor por placer. Viajar no solo es visitar un lugar, sino también conocer sus leyendas. Apasionado del marketing en mis tiempos libre

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