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in Europa, Portugal

El monasterio de los Jerónimos, el superviviente de dos cataclismos épicos

  • 06/07/2020
  • By Alberto Romay
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El monasterio de los Jerónimos, el superviviente de dos cataclismos épicos

El monasterio de los Jerónimos es el máximo exponente de un estilo arquitectónico único en el mundo, el llamado estilo manuelino. Éste fue llamado así en honor a Manuel I de Portugal, uno de los reyes más importantes de la historia de éste país. En él se mezclan elementos marítimos, de la casa Avis y religiosos en un intento de unir su casa y su nombre a la Biblia.

Construido gracias a los grandes beneficios del comercio, el monasterio de los Jerónimos es un símbolo de Portugal. Y lo es tras haber sufrido en sus carnes dos de los terremotos más devastadores de la historia. Pero ni siquiera ellos pudieron tumbar esta joya. Ahora es uno de los destinos imprescindibles en una visita a Lisboa y, desde 1983, patrimonio de la humanidad.

DOS HERMANOS BASTARDOS EN EL TRONO

Una semana antes del día de todos los santos de 1383, Portugal se encontró en una gran disyuntiva. Su rey Fernando había muerto sin dejar ningún heredero varón.  Su hija, que solo tenía 10 años, sería la próxima reina de la nación y ya había sido casada con el rey de Castilla para asegurarse la sucesión. Algo muy típico de la época si no fuera porque había problemas que ya venía de lejos… y un pequeño matiz.

Años antes, en Castilla, el rey había sido asesinado por su hermano bastardo y éste se había quedado con el trono. Este rey asesinado ha pasado a la historia como El cruel, pero su partidarios lo llamaban El justo. Cuestión de pareceres. El caso es que no a todos les pareció bien que el hermano bastardo fuera proclamado rey y se alzaron. Y Fernando, que también tenía derechos dinásticos, les ayudó en esos alzamientos. La cosa no salió bien la primera vez. Ni la segunda. Ni a la tercera, cuando murió el rey y su hijo accedió al trono. Estando ya Fernando moribundo, pensó que si no puedes con tu enemigo, únete a él, y casó a su hija con el rey castellano.

Portugal y España eran el prototipo de dos vecinos que llevaban mucho tiempo viviendo juntos. No se llevaban bien pero habían aprendido a convivir. Eso si, alguna que otra vez saltaba la chispa… como en esa ocasión. La cosa es que muchos nobles portugueses no querían a un castellano en el trono y propusieron un candidato alternativo. Éste era el hermano de Fernando. Otro bastardo.

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El monasterio fue construido enfrente a la playa do Restelo, a la que se le ha ido ganando terreno. Heartshade
JUAN VS JUAN

Durante ese mismo periodo, Europa estaba en plena guerra de los 100 años. Una guerra que enfrentaba a Francia e Inglaterra y en donde los francos intentaban mandar de nuevo a los ingleses a las islas. Lo mío para mí, que pensaban ellos. La cosa es que como guerra que era, aprovecharon cualquier resquicio para darse tortas. Y es ahí donde entra Portugal.

Castilla y Francia eran muy amigos. Entonces, si Francia apoya a sus amigos, yo voy a aliarme con sus enemigos. Y es ahí donde Inglaterra y Portugal mezclan sus caminos. Así fue como los ingleses llegaron a Portugal para ayudar a los alzados.

Este hermano bastardo portugués, llamado Juan, luchó contra las tropas castellanas del rey Juan porque había matado a un noble llamado Juan. Éste último iba de camino para ayudar a la esposa del fallecido rey Fernando. Y si, mucha originalidad con los nombres. Vamos, que los nobles portugueses lucharon contra los castellanos porque no querían en sus tierras.

La cosa era tal que Juan, el de Castilla, entró en Portugal para conquistarlo. Estaba casado con la hija de Fernando, pero no coronado, de ahí la importancia de ese ataque. Y los portugueses estaban perdiendo hasta que entraron los ingleses en juego. Éstos, utilizando las mismas tácticas que tan buen resultado les estaba dando en Francia, vencieron a los castellanos. Fue la famosa batalla de Aljubarrota. Juan, conocido ya como Juan I de Portugal, les mandó el acta de reconocimiento a los castellanos. Pero éstos, entre que hoy nos les venía bien, mañana estaban ocupados y al siguiente era el día del señor, tardaron 26 años en firmarlo.

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Vista del patio interior del monasterio
TIRARTE AL MAR O A LA BEBIDA

La tesitura de Portugal ahora era clara. Por el norte y el este tenían un enemigo potente, y por el oeste y el sur el océano. Sólo les quedaban tres opciones. La primera era luchar contra un enemigo más grande, mejor armado y, además, en su tierra, la segunda era darte a la bebida y, la tercera, tirarte al mar. Optaron por esta tercera. Y bueno, de vez en cuando también por la segunda, de ahí los buenos vinos que tienen.

Los portugueses se dieron cuenta que la alternativa más fiable era la exploración oceánica. Y fueron dos cosas las que se juntaron para poder conseguirlo. La primera y más importante es el infante Enrique y, la segunda, la aparición de las carabelas… gracias a éste. Este tipo de barco era una evolución de los barcos pesqueros que tenían, pero más rápidos y con mayor capacidad de carga. Fueron imprescindibles para viajes de varios meses y, a la postre, la ventaja competitiva que tenían. Es más, Cristóbal Colón llegó a América con este tipo de embarcación.

El infante Enrique, apodado el Navegante, fue el que le dio un impulso, por no decir un vuelco, a la exploración en aquel periodo. Llegó más lejos que nadie y abrió nuevas rutas comerciales, lo que le reportó grandes beneficios. Estos los revirtió en mejoras, lo que le ayudó a llegar más lejos y ganar más. Además, empezó a instalar pequeños puestos comerciales a lo largo de África, así como a hacer pequeñas conquistas. Tras su muerte, la corona portuguesa seguiría sus pasos.

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Las decoraciones estaban pensadas para enlazar la biblia con la casa Avis
ALL IN

Las exploraciones cada vez llegaban más y más lejos. Habían cruzado el cabo de Buena Esperanza y tenían vía libre hacia las Indias. Pero por el camino pararon varias veces, y no siempre con buena fortuna. Ya a finales del siglo XV Portugal era una de las potencias marítimas mundiales. Y solo ellos conocían una ruta alternativa al Mediterráneo hasta las indias, ya que este llevaba medio siglo sin ser seguro. Sobre todo tras la caída de Constantinopla en manos de los otomanos en 1452.

Con la llegada al trono de Manuel I, todo se aceleró. Sabía que el desarrollo de su pueblo sólo podía venir por esa vía. Ahí era donde les estaba sacando ventaja a muchos países europeos, sobre todo por su estratégica situación geográfica. Entonces, a la hora de trazar su plan marítimo sólo tuvo una idea: All in.

Siguiendo los pasos de Bartolomé Dias, el rey mandó a Estevão da Gama abrir una ruta comercial para empezar a lucrarse con la Ruta de las Especias. Como Estevão muere, y ante el incordio de tener que buscar un nuevo almirante, modificar los preparativos…lo deja todo en manos de su hijo. Es ahí donde emerge la figura de uno de los grandes navegantes de la historia mundial, Vasco da Gama.

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Portal sur diseñado por Juan del Castillo
UN ORIGEN SITUADO FRENTE A LA COSTA DE TANZANIA

En 1496, el propio Manuel I mandó construir una ermita en el barrio de Belén. En ésta, llamada ermita do Restelo, fue donde se alojó Vasco da Gama y su tripulación antes de partir en busca de esa deseada Ruta de las Especias. El caso es que el viaje no fue sencillo, pero consiguió su objetivo.

Tras perder la mitad de sus barcos, dos tercios de su tripulación, un hermano, evitar una emboscada, luchar contra un gobernador hindú y azotar a un “espía” al que luego adoptó, llegó de nuevo a Portugal. Y todo eso en solo un año y medio.

Viendo que era factible la ruta, enviaron una segunda expedición. En este caso fue Pedro Álvares Cabral capitaneando 13 naves. La cosa es que este Pedro, decía que conocía un atajo… pero acabó en Brasil. Al darse cuenta que los carnavales ya habían acabado, regresó de nuevo a su ruta original. En la India tuvo pequeños problemas, así que regresó. El rey no quedó muy contento con su desempeño y se lo quitó de en medio. Por ese motivo envió de nuevo a Vasco.

Al regresar de nuevo a la India, el navegante se hizo amigo de un gobernador y tuvo problemas con otro. Al empezar estos dos una guerra, ya se sabe de parte de quien se puso. De uno consiguió grandes concesiones y, del otro, instalar una factoría. También consiguió el tributo de unas islas enfrente a la costa de Tanzania. Fueron esas 500 monedas de oro el origen del Monasterio de los Jerónimos.

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Puerta axial diseñada por Nicolau Chanterene. Manuel Botelho
UNA CONMEMORACIÓN UN AÑO ANTES DE LA PARTIDA

Pero Portugal no solo estaba sufriendo grandes transformaciones mar adentro. El rey Manuel I quería convertir a Lisboa en su Roma particular y, por eso, empezó a cambiar completamente la fisonomía de la ciudad. Dejó atrás una estructura medieval y dotó a la ciudad de más anchura, más claridad y más limpieza. Además se vivió una explosión cultural fomentada por las importaciones de animales exóticos, artistas y autóctonos de las nuevas tierras. Y para coronarlo todo, dos grandes edificios religiosos que flanquearían la ciudad.

En el este, fue Leonor, la hermana del rey, la que inauguraría un convento a principios del siglo XVI, el de Madre de Deus. Hoy en día este edificio sigue siendo una parada obligatoria cuando visitas Lisboa, ya que es donde se alberga el Museo Nacional del Azulejo. Por el otro lado aprovecharía el terreno de la ermita do Restelo para ampliarla y crear la mayor obra de arte de estilo manuelino, el monasterio de los Jerónimos.

Esta ermita, que estaba enfrente a la playa do Restelo, era donde los pescadores iban a rezar. Pero los terrenos colindantes eran amplios y fáciles de ampliar para construir un edificio majestuoso como quería Manuel I. Además, ya tenía el permiso papal que le permitía la construcción del tal obra. La había conseguido gracias a una bula papal en 1496… un año antes de la partida de Vasco da Gama. Algo curioso, sobre todo porque el monasterio de los Jerónimos es una conmemoración por el afortunado regreso del navegante.

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Vista interior de la iglesia
CONSTRUYE UN MONASTERIO, BUENO NO… MEJOR UN MAUSOLEO

Los trabajos de construcción comenzaron el día de reyes de 1501. Y lo hicieron para vincular este nuevo edificio, y la dinastía, con la biblia. Pero lo hicieron a cargo del erario real, y no a través de impuestos como era costumbre. Bueno, fueron impuestos, pero de los pagados por la importación de algunas especias. En total, la nada despreciable cantidad de 70 kilos de oro al año.

Las obras se fueron desarrollando por fases. La primera fue encargada a Diogo de Boitaca, que fue quien definió el trazado de la iglesia y del monasterio. Fue a éste al que le dio aquellas primeras 500 monedas de oro para que empezara a montar todo el tinglado. Pero Manuel I, mientras la construía, ya había empezado a pensar más a lo grande. Por eso, al finalizar, empezó una segunda y puso al mando a Juan de Castillo, un arquitecto español había cogido mucha fama en Portugal. No en vano, cinco de sus obras son, ahora mismo, Patrimonio de la Humanidad.

Fue éste el que empezó a dotar al monasterio de los Jerónimos con todas las características por las que lo conocemos ahora. Sobre todo cuando en 1518, un año después de iniciar esa nueva fase, el rey deja por escrito que ese será su mausoleo tras su muerte. Quería dejar para la posteridad un edificio tan bello e imponente como su propia dinastía.

Juan de Castillo fue el que le dio la amplitud que tiene ahora, hizo los refectorios, la sacristía, el claustro, los portales, una segunda planta… además de modificar la mayoría de la ornamentación del edificio hacia el estilo manuelino que hoy contemplamos.

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Esta iglesia ha sido utilizada como mausoleo de la casa Avis
UNA IMAGEN VALE MÁS QUE MIL PALABRAS

Pero el monasterio de los Jerónimos no es sólo un edificio religioso, pues está lleno de simbolismos. ¿Que para qué sirve ese simbolismo? Pues para hacer propaganda, básicamente. En la Edad Media, eran pocos los que sabían leer y escribir, así que la oratoria y la imaginería eran muy importantes. Toda la gente influyente las utilizaba para instruir al pueblo en aquello que más le interesaba. Fue esa la manera que tuvo Manuel I de demostrar el poderío que había alcanzado, tanto él como Portugal.

Además, la elección de la orden de los Jerónimos no fue casual, ya que, al ser una orden contemplativa, casaba muy bien con la idea de Manuel I de un mundo más “humanista”. Todo, eso si, bajo la atenta mirada de Dios y de la Iglesia.

De esa manera, el monasterio de los Jerónimos es una mezcolanza de todo tipo de elementos decorativos. Los hay de tipo religioso, como querubines o cruces; de temática marinera, redes, barcos o cuerdas; de las nuevas conquistas, con corales, alcachofas o granadas; y, por supuesto, los emblemas de la casa Avis, la de Manuel I, y de la Cruz de la Orden de Cristo, el emblema de Portugal.

Si fuerais un campesino que entrarais en el monasterio de los Jerónimos a mediados del siglo XVI, al ver toda esa decoración, no harías otra cosa que unir las conquistas del nuevo mundo con el rey, su desarrollo marítimo, Dios, Cristo y Portugal. Ya se sabe… una imagen vale más que mil palabras.

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Vista aérea desde el río del monasterio. Massimo Catarinella
DOS CATACLISMOS ÉPICOS

El monasterio de los Jerónimos no se quedó solo en la fase dos, ya que tras esa hubo varias más. De hecho, ni siquiera se pararon tras la muerte de Manuel I, pues continuaron durante casi un siglo. Primero a las órdenes de Juan de Castillo, luego con Diego de Torralva y, finalmente, con Jerónimo de Ruão. Y tras eso fueron continuos los cambios y modificaciones a pequeña escala. De hecho, a principios de siglo XX todavía se llevaron a cabo algunas reformas de calado, como la instalación de las vidrieras en la fachada sur, la que da al río.

Pero no todo fueron alegrías para el edificio, ya que no sufrió un solo terremoto de gravedad, sino dos. Ambos con más de un 8 en la escala de Richter. Este tipo de terremotos, según la escala del sismólogo americano, son llamados Épicos o Cataclismos. Eso nos da una idea de la gravedad del asunto.

El primero, el de 1531, que fue el más “liviano” de los dos, afectó de forma significativa al edificio. En el monasterio de los Jerónimos aparecieron grandes grietas, mientras que algunas de las partes se derrumbaron. Todo eso justo en el momento que se había acabado de construir la fase dos.

El segundo, el de 1755, fue el que ha transcendido como uno de los más graves y destructivos de la historia. No en vano gran parte de la ciudad de Lisboa fue destruida o calcinada. Bueno, todo salvo dos barrios, el de Alfama, donde vivían los “culpables del anterior terremoto” los judíos, y el de Belén, donde se halla el monasterio. Éste, aunque sufrió daños, no tuvo que lamentar grandes pérdidas.

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Aquí es donde reposan los restos mortales de Vasco da Gama
UN PUNTO DE UNIÓN Y ORGULLO

Pero como habíamos dicho, el monasterio de los Jerónimos es también un mausoleo, el de la casa Avis. Aquí están enterrados Manuel I, su segunda esposa, María de Aragón y 6 de sus hijos. Además de él hay otros 3 reyes más aquí enterrados. Juan III, que fue hijo de Manuel, Sebastián I, nieto de Juan, y Enrique I de Portugal, hermano de Juan y que su reinado duró poco más de 600 días.

A lo mejor te estarás preguntando qué pasó con Vasco da Gama. Pues fue enviado una tercera vez a la India de donde ya no volvería con vida. Pero volvió. Lo hizo 15 años después de su muerte. Finalmente, en 1880 fue trasladado al monasterio, donde reposa desde entonces. Pero no es la única persona fuera de la familia real que está aquí enterrada ya que, uno de los mejores escritores portugueses de la historia, Luis de Camões, también está.

Pero este edificio no es sólo una de las caras más bonitas de Lisboa. Aquí, en el año 2007, se firmó uno de los tratados más importantes de la historia moderna dentro de la Unión Europea,  el Tratado de Lisboa por el que se modifican el Tratado de la Unión Europea y el Tratado constitutivo de la Comunidad Europea, o simplemente Tratado de Lisboa. Pero no es casual que se firmara en este edificio. Nacido para ser un punto de unión y orgullo de todos los portugueses, ahora lo será también de todos los europeos. Y razones no le faltan.

By Alberto Romay, 06/07/2020 Aventurero por inquietud y escritor por placer. Viajar no solo es visitar un lugar, sino también conocer sus leyendas. Apasionado del marketing en mis tiempos libre

Alberto Romay

Aventurero por inquietud y escritor por placer. Viajar no solo es visitar un lugar, sino también conocer sus leyendas. Apasionado del marketing en mis tiempos libre

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