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in América, Perú

Machu Picchu, el paraíso que fue olvidado

  • 02/02/2020
  • By Alberto Romay
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Machu Picchu, el paraíso que fue olvidado

En lo alto de las montañas de los Andes peruanos se encuentra la ciudadela de Machu Picchu, el monumento más emblemático y conocido de Perú. No se tienen muchos datos sobre esta ciudad, su forma de construcción o porqué la abandonaron definitivamente, dejándola casi intacta. Su ubicación, escondida entre riscos y vegetación frondosa, hizo que fuera invisible para la mayoría del mundo hasta principios del siglo XX. Aún así, en el año 2007 fue declarada una de las 7 maravillas de la actualidad. Y por muchas razones.

Para llegar hasta allí hay que subir por un sendero sinuoso hasta la cima, caminando cerca de grandes abismos. Durante el primer tramo de la subida, la vegetación es espesa hasta que, 300 metros por debajo de la ciudad, la vegetación decrece. En ese momento es cuando podemos ver por primera vez las ruinas de los antiguos edificios del Machu Picchu.

En total, se han descubierto cerca de doscientas construcciones de piedra y que, en sus días de esplendor, tuvo que albergar casi mil habitantes. El agua de la urbe procedía de manantiales situados detrás del Machu Picchu y se distribuía por toda la ciudad a través de estanques y fuentes rituales colocados en varios niveles. Pero lo más impactante es que, el 60% de las construcciones son bajo tierra. Una proeza arquitectónica solo comparable al perfecto ensamblamiento de las piedras de cada edificio.

LOS PRIMEROS ASENTAMIENTOS

El nombre de Machu Picchu procedería del quechua sureño Machu Pikchu que significaría algo así como “Montaña Vieja”. Pero este es su nombre moderno ya que, el original, habría sido Picchu o Picho. La mayoría de historiadores y arqueólogos modernos coinciden en que la ciudadela sería construida por Pachacútec (1438 – 1471), el gobernante más grande del Imperio Inca. Los arqueólogos estiman que la construcción de la ciudadela dataría del siglo XV, ya que el carbono 14 o radiocarbono, así lo dataría. Además, el hallazgo de unos manuscritos fechados a mediados del siglo XVI, permitiría situarlo durante el reinado de este monarca, que sería el primer soberano de su dinastía de quien quedan testimonios escritos.

Pachacútec fue el primer Inca en salir del valle del Cuzco y fue el que llevó a cabo una expansión del Imperio. A él se deben la consolidación del reino, la ampliación de sus fronteras y el enriquecimiento de Cuzco con nuevas plazas y viviendas, además de la reedificación del Templo del Sol.

El emplazamiento escogido para la construcción del Machu Picchu debió impresionar monarca por lo que, en torno al año 1450, mandaría construir allí un complejo urbano con grandes edificaciones de lujo, tanto civiles como religiosos. Así, habría sido levantado como centro ceremonial y de descanso real a mediados del siglo XV. Se cree que tuvo una población móvil que oscilaba entre los 300 y los 1.000 habitantes pertenecientes a una élite, posiblemente miembros de la panaca de Pachacútec (sus descendientes, salvo el nuevo soberano) y acllas, mujeres de singular belleza destinadas a servir al rey o al dios Sol. Además, al tener una sola entrada estrecha, permitía, en caso de un ataque sorpresa, defenderla con pocos soldados.

Machu Picchu
Restos de la ciudadela. Pixabay
LA LEYENDA DETRÁS DEL ORIGEN

Hacia el año 1430, durante el reinado de Huiracocha Inca, se produjo la invasión de los chancas, que se encontraban ya cerca de Cuzco cuando enviaron emisarios para exigir su rendición. Éste, anciano y temeroso, huyó de la capital junto a su hijo Inca Urco, para refugiarse en Huchuy Qosco. Ante tan inesperada fuga, la etnia inca depositó su esperanza en el otro hijo de Huiracocha, Pachacútec.

Éste pidió a su padre que regresara para defender Cuzco pero, al negarse, buscó alianzas con las etnias vecinas. Éstas decidieron esperar a ver el bando vencedor para luego unírseles. En la capital, Pachacútec utilizó una estratagema para tratar de asustar al enemigo. Disfrazó de soldados a muñecos de piedra haciendo creer que tenía un ejército más numeroso. Así logró que parte de los enemigos huyeran antes del combate. Tras vencer a los chancas gracias a que las etnias espectadoras, que se les unieron en cuanto empezaron a ganar, surgió la leyenda de los muñecos de piedra, que habrían tomado vida para vencer al enemigo.

Pachacútec ofreció el botín de guerra a su padre pero, éste, dijo que a él no le correspondía recogerlo, sino a Inca Urco, el hermano, que había nombrado heredero. Pachacútec ofendido por el desplante de su padre vociferó su indignación:

“…que él no había ganado victoria para que se lo pisasen semejantes mujeres como eran Ynga Urco y los demás sus hermanos…»

Juan de Betanzos, explorador y cronista español (1510 – 1576)

Nadie en Cuzco quiso recibir a Urco. Así que, motivado por la envidia, organizó un pequeño ejército y marchó para acabar con Pachacútec, fracasando en el intento.​ Fue herido de una pedrada en la garganta, capturado, descuartizado y sus restos arrojados al río Tambo.​ Huiracocha, conmovido por el asesinato de su hijo favorito, decidió quedarse para siempre en su ciudadela y no salir más.

LA IMPORTANCIA DE MACHU PICCHU

Su grandeza no reside solo en que era un centro ceremonial y descanso para la familia real bien protegido por su difícil acceso, sino por mucho más. Aún se están descubriendo cámaras subterráneas, túneles y puertas secretas por el subsuelo de la ciudad que servían de escape si el enorme muro que rodeaba la ciudad caía.

Su ubicación les facilitaba observar los fenómenos astronómicos sin obstáculos. Es por eso que construyeron la piedra Intihuatana, el Templo del Sol y el Templo de las Tres Ventanas ya que, en estas tres estructuras, se les permitían contemplar los acontecimientos celestes. Por eso sus ventanas fueron colocadas para identificar movimientos exactos del sol, ayudándoles a predecir el calendario agrícola. Aparte, la ciudad también contiene muchos lugares sagrados (llamados huacas) con formaciones rocosas y manantiales.

Además, las montañas nevadas fueron especialmente sagradas para los incas, ya que eran una fuente inagotable de agua. Gracias a ese suministro de agua constante decidieron construir uno de los sistemas hidráulicos antiguos más impresionantes que existían. El agua se distribuía por toda la ciudad, llegando a las terrazas agrícolas, favoreciendo unas cosechas continuas y abundantes. Pero en estas montañas incluso se puede distinguir el perfil de una persona en su silueta.

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Al fondo, las montañas harían el perfil del inca. A la izquierda la barbilla, en el centro los labios y, la grande de la derecha que aparece cortada la cima, la nariz

El Machu Picchu también se encuentra de camino a otras ciudades incas importantes como Cajamarca, Pachacamac o Quito pero, su situación entre la espesa vegetación y la cordillera, lo convirtió en un lugar idóneo para encontrar animales y plantas raras provenientes de la selva. Aquí podían conseguir mariposas (más 400 tipos), plumas de aves de colores, plantas de coca, frutas y verduras exóticas, hierbas curativas y otro tipo de productos exóticos.

EL PERIODO DE TRANSICIÓN Y OLVIDO

Al morir Pachacútec todas sus propiedades pasaron a ser administradas por su panaca y comenzó un nuevo gobierno de Túpac Yupanqui (1470-1493) y Huayna Capac (1493-1529), que sería el penúltimo rey Inca. Tras él, dos importantes hechos desencadenaron el paulatino fin de Machu Picchu. Por un lado la guerra civil inca (1531-32) entre Huáscar y Atahualpa, y la segunda, la irrupción española en el Cuzco en 1534.

Tras la victoria de Atahulpa, las tropas incas quedaron exhaustas, cosa que aprovecharon los españoles para conquistar el territorio.  Pero éstos no se quedaron con los brazos cruzados, ya que la resistencia fue dirigida por Manco Inca desde Vilcabamba, donde convocó a los nobles de la zona en 1536. Se cree que fue entonces cuando los nobles de Machu Picchu abandonaron la ciudad.

Cuando cayó el reino de Vilcabamba en 1572 y se consolidó el poder de los españoles, el territorio de Machu Picchu estuvo dentro de la jurisdicción de diferentes haciendas coloniales, que fueron cambiando de propietario hasta tiempos republicanos (desde 1821), pues era un territorio que pagaba tributos. Aún así, los españoles nunca llegaron hasta la ciudad. Pero desde la salida de los nobles y el verse alejado de los nuevos caminos y zonas de mayor desarrollo económico, la región fue quedando prácticamente abandonada y cubierta de vegetación. A esto hay que unirle lo que se cree pudo ser un brote de viruela, que acabaría definitivamente con los pocos habitantes que allí quedaban.

Ejemplo de las edificaciones en terraza
Ejemplo de las edificaciones en terraza. Gobierno de Perú
SIGUIENDO LOS PASOS DE UNA LEYENDA CASI OLVIDADA

Los primeros años de la República fueron muy intensos en Perú, pero se empezó a abrir al mundo. Gracias a eso, son cada vez más las personas interesadas en el mundo arqueológico las que empiezan a llegar al país. Así, ya en 1865, el naturalista italiano Antonio Raimondi pasa cerca de las ruinas sin saberlo y, cinco años más tarde, Harry Singer, coloca por primera vez en un mapa la ubicación del cerro Machu Picchu. Pero no es hasta 1874, cuando el alemán Herman Gohring menciona y ubica en su sitio exacto ambas montañas, el cerro y el Huayna Picchu. 

El explorador francés Charles Wiener, durante sus viajes de exploración de América del Sur, confirmó en 1880 que “hay ruinas en Machu Picchu”, pero nunca pudo subir hasta la ciudad. No fue hasta el 24 de julio de 1911 cuando su historia cambia radicalmente. Ese día, un profesor de la Universidad de Yale llamado Hiram Bingham llegó hasta las ruinas.

El viaje de 96 km entre de Cuzco y Machu le llevó cinco días. Pero lo que Bingham creía haber descubierto era el fuerte inca de Vilcabamba, la ciudad arrasada por los españoles en la conquista del Imperio. Más tarde resumió su impresión diciendo que «parecía un sueño inverosímil».

A pesar de lo que se cree, cuando el historiador norteamericano llega, se encuentra a dos familias viviendo allí, los Recharte y los Álvarez. Es precisamente un niño de la familia Recharte quien guía a Bingham hacia la «zona urbana» del santuario Desconocido, que se encontraba cubierta por una espesa maleza.

LOS PASOS PREVIOS AL DESCUBRIMIENTO DE HIRAM BINGHAM

En 1900 un arrendatario de tierras llamado Agustín Lizárraga, que residía muy cerca de la zona, visitó las antiguas ruinas y quedó impresionado por lo que allí vio. Pero no se atrevió a dar a conocer su descubrimiento durante diez años por temor a ser considerado un loco o ser castigado por develar un secreto de Estado. Lo que si habría hecho es dejar una inscripción en uno de los muros del Templo de las Tres Ventanas, que habría sido posteriormente borrada.

La historia de Lizárraga y sus visitas al santuario habrían llamado la atención de Hiram Bingham, que se encontraba en la zona investigando los últimos reductos incas en Vilcabamba. Al enterarse el americano, inicia la búsqueda de aquel yacimiento arqueológico desconocido. Fue así como llegó al Machu Picchu acompañado de Melchor Arriaga y de un sargento de la guardia civil peruana.

Cuando el profesor de Yale llegó por primera vez, se pasó 5 horas enfrente a las ruinas con su cámara Eastman Kodak. Creyendo haber descubierto Vilcabamba, antes de irse, trazó un impreciso boceto del templo de las Tres Ventanas en el que se notaba un inscripción que ponía “A. Lizárraga 1902“. Un día después, el 26 de julio de 1911, Bingham lo habría dejado escrito en su diario, “Agustín Lizárraga es el descubridor de Machu Picchu”. Pero ese dato fue borrado en las copias posteriores.

Imagen antigua del Machu Picchu
Imagen antigua del Machu Picchu cubierta de maleza. Gobierno de Perú
CUANDO EL MUNDO CONOCIÓ EL MACHU PICCHU

A pesar de no ser la ciudad que creía, Hiram Bingham entendió de inmediato el enorme valor histórico que tenía su hallazgo, por lo que solicitó el auspicio de la Universidad de Yale (Estados Unidos) así como el apoyo de la National Geographic Society y el Gobierno del Perú.

De esta manera se iniciaron los estudios del sitio arqueológico inca. Los trabajos de excavación en Machu Picchu se llevaron a cabo desde 1912 y duró 3 años. Durante ese periodo se logró despejar la maleza que la atestaba y se excavaron las tumbas incas halladas más allá de los muros de la ciudad.

En total Hiram Bingham realizó tres expediciones a Machu Picchu entre 1911 y 1915. Durante ese tiempo consiguió excavar, fotografiar y publicar información sobre la Ciudad Inca. Pero tal fue el impacto que causó su redescubrimiento que, en 1913, la revista National Geographic dedicó todas sus páginas del mes de abril a la ciudad sobre los trabajos que allí se estaban realizando. Desde entonces, el interés, la protección, la recuperación y la fascinación por el lugar no han dejado de crecer.

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Terrazas del Machu Picchu al amanecer. Clever Ricardo
LA CIUDADELA Y SU ESTRUCTURA

El área edificada en Machu Picchu es de 530 metros de largo por 200 de ancho e incluye, al menos, 172 recintos entre los que se encuentran palacios, templos, casas, escaleras, canales para el agua, fuentes y terrazas de cultivo en distintos niveles. Es considerada una obra maestra de planificación y de construcción creada a partir de una maqueta de arcilla. Los obreros, sin la ayuda de animales de tiro ni herramientas de hierro, transportaron enormes bloques de granito hasta el lugar mediante ruedas y palancas que tallaron, pulieron y ajustaron en su posición sin ningún mortero.

La sociedad inca estaba sumamente organizada y jerarquizada, lo que se reflejó en Machu Picchu. Cada uno de los estamentos vivían en zonas específicas de la ciudad. Así, las casas y oficinas de los nobles se elevaban sobre terrazas alrededor de la plaza, mientras que las casas de techos de paja de los campesinos estaban situadas en niveles inferiores. A pesar de eso, el núcleo de la vida urbana era la Gran Plaza, donde se celebraban los festivales y mercados.

El complejo también está dividido en dos grandes zonas. En la sur se encuentra la agrícola, formada por conjuntos de terrazas de cultivo mientras que, al norte, se halla la zona urbana. Ambas están separadas por un muro, un foso y una escalinata, elementos que corren paralelos por la cuesta este de la montaña.

Terrazas del Machu Picchu
Estructura de las terrazas. Pixabay
LOS EDIFICIOS Y LOS MISTERIOS DE SU CONSTRUCCIÓN

Sin ser edificios especialmente altos o fastuosos, tienen un aire de grandiosidad que sobrecogen nada más verlos. Como no disponían de animales de tiro ni tampoco herramientas de hierro, ver lo bien encastradas que están, donde resulta imposible introducir la hoja de una navaja en cualquier juntura, impresiona. A pesar de ello, erigieron enormes paredes con piedras que pesaban varias toneladas cada una.

Una de las características es el modo en que están cortadas las piedras, similar a un puzle tridimensional. Encajan a la perfección sin necesidad de argamasa. Este tipo de diseño aumenta la estabilidad del muro, algo imprescindible al hallarse en zona de frecuentes seísmos. Pero no se sabe a ciencia cierta cómo lograron cortar la piedra de esa manera.

Se cree que estos trabajos pudieron ser realizados con fragmentos de hematites de origen meteórico. Pero si esto es así, esta región tuvo que sufrir una enorme lluvia de meteoritos, pues este es un elemento que no es muy resistente. Estos se pondrían entre las piedras y se rozarían para que quedaran perfectamente encajadas. Aún de ser cierto, ese trabajo conllevaría un enorme esfuerzo humano y en horas. 

By Alberto Romay, 02/02/2020 Aventurero por inquietud y escritor por placer. Viajar no solo es visitar un lugar, sino también conocer sus leyendas. Apasionado del marketing en mis tiempos libre
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