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in Europa, Francia

Montmartre, el barrio más característico de Paris

  • 09/11/2019
  • By Alberto Romay
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Montmartre, el barrio más característico de Paris

Es uno de los barrios más característicos y románticos de la ciudad del amor. Aunque se encuentre un poco alejado del centro de la ciudad, su visita es indispensable. Entre sus calles se refugiaron muchos de los más famosos artistas de la historia y hoy en día no ha perdido ni ápice de encanto. Y es que no son solo sus calles adoquinadas son las que nos conquistarán, sino también su naturaleza, sus instantáneas y sus gentes. Es, sin duda, el barrio más bohemio de todo Paris y, tal vez, uno de los más reconocibles.

LA HISTORIA

De esta colina de Paris se pueden contar muchas cosas, pero no es hasta finales del siglo XIX y principios del XX cuando el barrio comienza a cobrar vida. Hasta esa época había sido uno de los graneros de la ciudad en donde se cultivaba trigo y vides. Un poco más tarde, fue una comuna hasta que fue absorbida por Paris en el año 1860. De estos periodos aun quedan cosas muy importantes como los molinos y las únicas vides que aún se conservan en la ciudad (en la rue des Saules) y que producen cerca de 300 botellas de vino al año.

Hacia el siglo XIX existían gran cantidad de molinos que poblaban esta parte de la ciudad, pero con el avance de las nuevas tecnologías, y de los cambios producidos a lo largo de los años, han provocado que hoy casi no se conserve ninguno. En total, se dice que había unos 15, pero que ahora ya solo subsisten 2. Uno es el viejo Moulin Blute-Fin y el otro es el Moulin Radet. Ambos, junto a los jardines y la granja, pasaron a formar parte del famoso conjunto del Moulin de la Galette, conocido por su baile popular y que fue inmortalizado por Renoir.

Una de las características más importantes que hay que resaltar de este barrio es que quedó fuera de los planes urbanísticos del barón Hausmann, unos planes que cambiaron completamente  la fisionomía  de la ciudad de París. Este plan fue llevado a cabo entre los años 1852 y 1870 bajo el gobierno de Napoleón III y dotó de avenidas, calles más amplias, plazas y alcantarillado a la ciudad. Pero al quedar fuera de ellos, las calles continuaron siendo desordenadas, caóticas y empinadas y un foco de problemas.

Ese foco de problemas traía consigo una cosa aparejada y es que, al ser un lugar algo más conflictivo, los alquileres eran más bajos. Esa mala fama, acompañado de una gran cantidad de burdeles y cabarets que se habían instalado en la zona, atrajo a muchísimos artistas, que lo vieron como el lugar perfecto para llevar a cabo sus creaciones y un sitio inmejorable para encontrar la inspiración… o ahogar sus penas. Algunos de estos artistas fueron Van Gogh, Renoir, Picasso, Seurat o Degas. Pero si hubiera que destacar a uno, ese sería sin duda Toulouse-Lautrec, el que encontró allí el sitio perfecto para su arte y sus desfases.

Imagen nocturna de la entrada del Moulin Rouge. Imagen atribuida a Pexels
EL MOLINO ROJO

Heredado de estos molinos, sin duda alguna, el más famoso de todos ello, es el Moulin Rouge. Este era una de las paradas imprescindibles de Toulouse-Lautrec, incluso antes de que fuera contratado para hacer sus carteles publicitarios… que hacía a cambio de tener la barra libre, según cuenta la leyenda.

Fundado en 1889, justo en plena exposición internacional (cuando se construyó la torre Eiffel), se hizo famoso muy rápido. Sus dos fundadores, Joseph Oller y Charles Zidler, tenían muy claro que era lo que querían ofrecer y cuál iba a ser su público, por lo que compraron el terreno y construyeron este molino.

Sabían que la decoración era muy importante, por lo que contrataron a Adolphe Léon Willette, un pintor y litógrafo que conocía muy bien el barrio ya que había decorado antes ya varios locales. Este instaló un molino con forma de cono truncado y cuatro grandes aspas móviles que se divisaban a cientos de metros de distancia y que aprovechaba la gran fama que había cogido el Moulin de la Galette.

La idea de pintarlo de rojo fue muy simple, no solo por ser de un color rojo pasional, sino porque es un color fácilmente visible. Además de eso, el haber sido el primer local con iluminación, lo hacía más atractivo de cara al público. Dentro destacaba una gran pista de baile, con el suelo de parqué, que podía albergar hasta cinco mil personas. Al fondo, varios espejos adornaban las paredes pintadas de rojo que, unido a que la sala estaba iluminada con lámparas de gas en forma de globo, el reflejo de su luz emitía vistosos destellos rojizos.

Aunque ha cambiado mucho a lo largo de la historia, siempre ha tenido un éxito absoluto en todo lo que hace y, sin ir más lejos, hoy tiene un porcentaje de reservas del 97% y es uno de los locales donde más champagne se consume del mundo.

Fachada del Bateau Lavoir. Imagen atribuida a Wikipedia (Davequ)
LAS CASAS DE ARTÍSTAS

Aunque fueron muy famosas a lo largo del tiempo, las residencias de artistas hacen su aparición en este barrio a finales del siglo XIX y principios del XX, el periodo dorado de Montmartre. Fueron muchos los talleres ý residencias que aquí se instalaron, pero tal vez uno sobresalió por encima del resto. Ese fue el Bateau-Lavoir.

Este edifico (que se traduciría como Barco-Lavadero) es sobre todo conocido por haber sido, a principios del siglo XX, lugar de residencia y de reunión de numerosos pintores y escritores. Esta casa, en lo que era en otro tiempo había sido una fábrica de pianos, se puede considerar el origen del Arte Moderno. En 1970 sufrió graves daños a consecuencia de un incendio por lo que tuvo que ser reconstruido para emplearlo como alojamiento de artistas extranjeros.

Originalmente hecha de madera, tras el incendio se decidió sustituir esa por piedra, por lo  que solo se conserva la fachada original del edificio. Conocido al principio como La casa del trampero, fue Pablo Picasso el que le puso el nombre por el que ahora es conocido ya que, su estructura de madera, le recordaba a los barcos amarrados a las orillas del Sena y utilizados como lavaderos. Algunos de sus inquilinos fueron Gougain, Juan Gris, Modigliani, el propio Picasso…

Además de la ya mencionada, había más de este tipo de residencias, de las que se podrían destacar dos más. Una de ellas era la Cité des Fusains (Ciudad de los carboncillos), situada en el número 22 de la calle Tourlaque. Es una pequeña casa de dos plantas en donde se instalaron algunos artistas surrealistas de la talla de Jean Arp, Max Ernst, Eluard o Miró. La otra fue la Casa de Rosimond, en donde ahora se encuentra el Museo de Montmartre. Era una casa del siglo XVII que se encontraba en el número 12 de la calle Cortot. Fue ocupada por artistas como Suzanne Valadon y su hijo Maurice Utrillo, Emile Bernard, Maximilien Luce, Raoul Dufy o Francisque Poulbot. Aunque de todos ellos el más famoso fue, sin duda, Pierre Auguste Renoir, que pintó aquí algunos de sus cuadros más famosos como el Bal du Moulin de la Galette.

Perspectiva lateral del Sacre Coeur. Imagen atribuida a Pexels
UNA BASÍLICA PARA RECUPERAR LA FE

En un barrio lleno de burdeles, locales de alterne y todo tipo de negocios de mala reputación, unido a una guerra que había devastado y agotado las arcas estatales y la paciencia y la moral del pueblo francés, se decidió construir un edificio religioso a perpetuidad. Esta se construyó con la idea de homenajear a los ciudadanos franceses que habían muerto durante la Guerra franco-prusiana y, así, ayudar a recuperar la fe religiosa que se había perdido.

Es por eso que varios empresarios parisinos tuvieron la idea de crear una iglesia en lo alto de Montmartre, para lo que pidieron la colaboración del arzobispo de la París. Tras lograr la aprobación de la Asamblea Nacional y conseguir la donación de dinero por parte de parroquias y particulares, se decidieron a levantar este templo. Para ello le pidieron a Paul Abadie la creación del diseño. El resultado fue el Sacre Coeur, la Basílica del Sagrado Corazón.

Este arquitecto, que no llegó a ver la basílica acabada, eligió una piedra muy concreta que se hallaba en las canteras de Souppes y que se habían utilizado, entre otros, para construir el Arco de Triunfo y el puente de Alejandro III. Este tipo de piedra fue escogida no solo por ser muy resistente y el agua no se filtre, sino también porque, en contacto con el agua, las piedras liberan calcita, que la limpia y le permite mantener ese color blanco tan característico.

Tuvieron que abrirse 83 pozos, alguno de más de 35 metros de profundidad, para asegurar la solidez del edificio

Su posición privilegiada en lo alto de la colina hace que su espectacular silueta blanca sea visible desde todos los puntos altos de París. Con un de estilo romano-bizantino, en forma de cruz griega, esta basílica está dedicada al corazón de Cristo. A parte de su majestuoso diseño y su especial ubicación, hay que destacar dos grandes curiosidades de ella. La primera es que alberga el mosaico más grande de Francia, que mide nada menos que 480 m2 y, la segunda, es que posee la campana más grande de Francia, también conocida como La Savoyarde. Ésta pesa  nada menos que 26 toneladas, lo que casi equivaldría al peso de 4 elefantes africanos adultos y tuvo que ser transportada por 28 caballos para poder llegar. Es por ello, entre otras razones, por la que es uno de los puntos más visitados de la capital gala.

Aunque la Basílica del Sagrado Corazón es el plato estrella del barrio, no se puede olvidar hacer una parada justo al lado de esta, en la iglesia de Saint-Pierre de Montmartre. Se cree que fue fundada por San Dionisio de París, el patrón de la ciudad, aunque pocos restos existen que reafirmen esto. Reconstruida varias veces a lo largo de la historia y usada como taller de costura y almacén de munición durante la revolución francesa, su cénit lo tuvo el 15 de agosto de 1534 cuando Ignacio de Loyola y los siete fundadores de la Compañía de Jesús pronunciaron aquí sus votos.

MONTMARTRE, “TE AMO”

No muy lejos de Sacre Coeur y de la iglesia de Saint-Pierre de Montmartre, se encuentra la Place du Tertre (cuya traducción sería plaza de la Colina) o Plaza de los Pintores. Y su nombre no es para menos, ya que esta plaza, abierta en 1635, es la más elevada de todo París. Aunque antiguamente era el emplazamiento de la horca y donde se exponían las cabezas de los ajusticiados, eso cambio mucho cuando, a finales del siglo XIX y principios del XX, se instalaron muchos artistas atraídos por el aire inspirador del barrio y sus módicos alquileres. Ese aire artístico hoy todavía puede verse en esta plaza, que siempre está llena de artistas que querrán hacerte un retrato o una caricatura. Aunque ese estilo de vida bohemio se ha reducido un poco, esta plaza no ha perdido su encanto. 

Está rodeada por edificios del siglo XVIII y, en el número 3, hay una placa que indica que allí estuvo el ayuntamiento de Montmartre antes de que fuera anexionada por la ciudad de Paris en 1860. Fue precisamente en esta plaza donde Salvador Dalí creó su cuadro Don Quijote Metamorfosis en 1956 y que ahora está dividido en 149 emplazamientos de 1m² cada uno donde los pintores pueden componer sus creaciones.

Cuadro de la Place du Tertre. Imagen atribuida a Foter

A pesar de ser un lugar que está lleno de vida y de historia, es un buen sitio para pararte y hacer un breve descanso. Estos locales son más turísticos que antaño pero, aun así, tienen una larga historia como La Mère Catherine, que funciona desde 1793. Se cree que fue en este restaurante donde nació la palabra bistró ya que era uno de los preferidos de los cosacos rusos en 1814. Esta palabra, que en ruso significa deprisa, la decían mucho los soldados que, dando un puñetazo en la mesa y gritando Bistró!, metían prisa al camarero para que les pusieran algo de beber antes de que llegaran los oficiales. De ahí derivó la palabra a los restaurantes que hoy en día conocemos.

No muy lejos de allí, en la pequeña plaza de Jehan-Rictus, junto a la plaza triangular des Abbesses, se encuentra el Mur des je t’aime. Este mural, construido sobre una superficie de 40 m², está compuesto por 612 azulejos de lava esmaltada que reproduce la frase te amo en más de 250 idiomas. En total, son 311 reproducciones  que incluyen raros dialectos, algunos hasta casi desaparecidos, como el navajo o el bambara (que son un grupo étnico del oeste de África).

El muro es una idea de Fréderic Baron, quien pidió a Claire Kito, experta en caligrafía del lejano oriente, que colocara todas las frases. En palabras de su propio autor, la idea fue fijar en un muro (un símbolo de separación) el más bello de los sentimientos humanos. Además de eso, hay pequeños puntos de color rojo repartidos que, si los juntas, formarían un corazón. Esto es una metáfora del mundo real ya que simboliza como la humanidad se está desgarrando y que es el propio muro trata de reunirlo. Este lugar se ha hecho tan famoso que incluso han abierto una tienda de souvenirs propia.

UN BARRIO DE PELICULA

Uno de los mayores impulsos que dio fama al barrio, fue la película de Fabuleux destin d’Amélie Poulain!, una película de Jean-Pierre Jeunet. Ella, mientras trata que las personas de su alrededor sean felices, muestra las notas características de este barrio. Uno de esos puntos es el Café des Deux Moulins, el lugar donde la protagonista trabaja. Este se encuentra en el 15 de la Rue Lepic. Otro de los puntos que se ha mantenido casi igual desde que se hizo la película es el puesto de frutas Au Marché de la Butte, que se encuentra en la rue des Trois Fréres (en la intersección con la rue Androuet). También puedes ver la Place Saint-Pierre, situada a los pies del Sacré Coeur, la plaza donde Amélie llama a Nino para devolverle su álbum. Aunque la cabina no existe, el tiovivo todavía podemos encontrarlo allí. Pero si paseas por el barrio, podrás pequeños rincones por los que su protagonista caminaba y te hará sentir, por un instante, como parte

By Alberto Romay, 09/11/2019 Aventurero por inquietud y escritor por placer. Viajar no solo es visitar un lugar, sino también conocer sus leyendas. Apasionado del marketing en mis tiempos libre

Alberto Romay

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