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in Europa, Francia

Ópera Garnier, la ópera de París

  • 12/10/2019
  • By Alberto Romay
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Ópera Garnier, la ópera de París

Paris es arte. Y no hay arte más noble que la Ópera. Y esta puede ser una de las más famosas del mundo, más que por su diseño y estilo, por el cual también podría serlo, por su inspiración. Pues es en este edificio en el que se basa el libro El fantasma de la ópera. Pero no solo por ser la inspiración se merece una visita, ya que la Ópera Garnier, por si misma, es una de las visitas imprescindibles que hay que realizar cuando se visita “la ciudad de las luces”.

LOS INICIOS

En el siglo XIX, Paris se vio inmerso en un plan de renovación de la mano del emperador Napoleón III. Fue él quien, en 1858, tras haber sufrido un atentado en la ópera de Rue Le Peletier, creyó conveniente la necesidad de construir una ópera que ofreciera más seguridad a la entrada del recinto. Pero sus planes no quedaron ahí, ya que encargó al Barón Haussmann la remodelación de la ciudad.

Inmerso en ese gran proyecto de mejora de la ciudad, y decidido a construir una “Academia Imperial de Música y Danza”, convoca un concurso público. De los 171 arquitectos que se presentaron de todos los rincones del mundo. El escogido fue un hombre desconocido cuyo nombre era Charles Garnier, un joven arquitecto de tan solo 32 años. Su diseño resolvió el problema de acomodar grandes audiencias y lo hizo rodeándose de amigos que contribuyeron a construir lo que es hoy la ópera de Paris. Entre ellos se encontraban el arquitecto Víctor Louret y el escultor Jean-Baptiste Corpeaux.

CONSTRUCCIÓN Y DESTRUCCIÓN

La construcción de la nueva casa de ópera tardó varios años, ya que se tuvo que enfrentar a muchos inconvenientes. Fue en el año 1862 cuando comenzaron las obras del nuevo edificio. Los 12,000 metros cuadrados que Napoleón III preparó resultaron ser pantanosos, apoyándose sobre un lago subterráneo. Los trabajos de preparación se demoraron más de ocho meses, ya que se seguía inundando y llenando de agua.

Este problema, esta existencia de agua subterránea, no fue sólo un problema sino que, al final, fue una parte misma del palacio, de su historia y de su leyenda. La posible existencia de un mundo subterráneo de pasillos y escondrijos fue la semilla de la obra que la ha hecho famosa, el “Fantasma de la Ópera”. Además, estos laberintos bajo tierra son unos elementos importantes para la musicalidad misma, ya que el lago del quinto sótano es vital dado que la resonancia de las ondas acústicas mejora la calidad del sonido.

Los problemas de los cimientos fueron resueltos por Garnier gracias un sistema que drenó las aguas subterráneas en una cisterna y, creando una base de doble pared, fue capaz de construir encima.

Sala principal de la Ópera Garnier en París. Visita Imprescindible
Sala principal de la Ópera. Foto de 12thSonOfLama en Foter

Pero las inundaciones no fueron el único contratiempo. Las elecciones de 1869 demostraron a Napoleón III que las clases medias y trabajadoras no estaban contentas con la forma en que se dirigía Francia. La economía del país no pasaba por su mejor momento y, para más INRI, entraron de nuevo en guerra, esta vez contra Prusia. En esa guerra, Napoleón III fue capturado en la batalla de Sedán y depuesto por las fuerzas de la Tercera República en París dos días después. Murió en el exilio casi 3 años más tarde.

Debido a un sinfín de problemas como los presupuestarios, los derivados de los conflictos con Alemania, la caída del Imperio y lo ocurrido con la comuna de París de 1871, la construcción se paralizó. Pero Garnier, sabedor del gran proyecto que tenía entre las manos, trató de continuar trabajando en ella.  Finalmente, el Palais Garnier, la Casa de la Ópera de París, abrió sus puertas el 5 de enero de 1875 en medio de una gran ceremonia en donde se olvidaron de invitar al propio arquitecto. Él y su mujer debieron comprar la entrada para asistir al evento. Por suerte, al final, recibió el merecido reconocimiento.

El problema de la existencia de agua subterránea fue, al final, parte de su historia y de su leyenda. La posible existencia de un mundo subterráneo fue la semilla de «El Fantasma de la Ópera».

Curiosamente, aunque esta fue la inauguración definitiva, pero no la primera, ya que ésta tuvo lugar en 1867 aprovechando la celebración de la Exposición Universal. Pero no era algo definitivo ya que era todo “fachada”. De forma literal. Las obras estaban tan atrasadas que en este momento lo que estaba realmente construido era sólo la parte exterior.

LA FACHADA

El estilo que predomina en el edificio es el barroco, tanto francés como italiano, por lo que no pocos han calificado su estilo como Neobarroco. Lo que más destaca del exterior son sus columnas, rematando en su parte superior en cuatro esculturas que simbolizan la poesía, la música, la danza y la lírica. Además de eso, entre esas columnas, se incluyen los bustos de aquellos compositores que llevaron la música a la Ópera Garnier.

El final de la fachada ésta remata con un ático que simula la forma de una corona y, el punto más alto está rematado por un Dios, Apolo. En el edificio también se incluye dos pabellones laterales, uno creado como entrada para el emperador y el otro para la audiencia. Estos ahora albergan la biblioteca y el museo de la Ópera de París.

INTERIOR

Para esta parte intentó utilizar materiales modernos. En lugar del costoso y lento proceso de decoración de hojas de oro (hojas delgadas de oro aplicadas con un pincel), usó metales dorados. Además de eso, pintó el metal de amarillo y luego solo se aplicó una hoja de oro en el lugar en que impactaría la luz para que pareciera que toda la sección era de oro. También usó mármol para los interiores.

Escalera central de la Ópera Garnier en París. Visita Imprescindible
Escalera central. Photo de Chris Chabot en Foter
LA ROTONDA DE LOS ABONADOS

Se conoce así al vestíbulo circular que nos recibe. Éste es el vestíbulo que recibía a la alta sociedad a su llegada a las fiestas y recibe este nombre porque las personas que tenían palcos alquilados todo el año, los abonados, accedía a ellos por esta sala. El techo está decorado con los doce signos del zodíaco, el nombre del arquitecto y la fecha de inauguración y, el suelo, con mosaicos de mármol.

BASSIN DE LA PYTHIE

Tras la rotonda de los abonados debemos detenernos en una escultura de bronce realizada por la duquesa de Castiglione-Colonna y que Garnier compró en 1870. Esta se llama la Bassin de la Pythie y es muy interesante por la leyenda que la inspira.

El dios Apolo, que recordemos es la figura que remata la cúpula, combatió con una gran serpiente llamada “Pitón” en la ladera del monte Parnaso. El dios salió vencedor y, gracias a esto, obtuvo el don de la profecía. En ese punto decidió establecer un oráculo al que acudirían peregrinos de todos los rincones del mundo buscando respuestas: “El oráculo de Delfos”. Este se instaló en una cueva y, a su entrada, había un trípode sobre el que se colocaría la “Pythie” o “Pitonisa”, la cual entrevistaba a los peregrinos y les transmitía las respuestas del mismo dios.

LA GRAN ESCALERA

De ambos lados del Bassin de la Pythie nacen los brazos de esta escalera. Los peldaños son pequeños y espaciados para que, las mujeres de aquella época, pudieran subir con sus entallados vestidos y, porque de esta manera, se alargaba mucho el trayecto hasta arriba. Esto último no es baladí, ya que era necesario ver y dejarse ver. De hecho tan obligada era esta función, que los balcones que podemos ver desde la escalera, eran auténticas ventanas a las que asomarse.

En la puerta de entrada al teatro, que tiene una capacidad para 1,979 personas, hay dos niños que descansan sobre el escudo de armas de París. Uno es la Tragedia, que sostiene una espada, y la otra es la Comedia, que sostiene un arpa.

Y sobre las cabezas hay una composición de cuatro pinturas: El triunfo de Apolo, Minerva combatiendo la fuerza bruta ante el Olimpo reunido, El encanto de la música y La ciudad de París recibiendo el plano de la nueva Ópera. En contra de la tradición, ninguna de estas cuatro pinturas están pintadas en sobre bóveda, sino que están pintadas en tela adherida a la superficie.

El Gran Foyer, uno de los rincones más mágicos de la ópera (imagen atribuida a Pixabay)
GRAN FOYER

Antes de llegar aquí podremos haber disfrutado del Salon du Glacier, el Salor du Soleil y el Salon du Lune pero, sobre todo, del Avant-Foyer, una bóveda que nos sorprenderá y captará nuestra atención. Pero si creíamos que la Ópera no podía dar más de si, llegamos al Grand Foyer, tal vez la joya de la corona.

Sus 54 metros de largo, sus 13 metros de ancho y sus 18 metros de alto, están decorados con sentido artístico y estético que te dejará boquiabierto: los suelos de parquet de Turquía, diez lámparas de cobre dorado y barniz inglés, las pinturas de Bandry… cada detalle en él es único.

En los años 20, este lugar fue bautizado con el sobrenombre del paseo de los suspiros. Se cree que era porque por este pasillo paseaban las jovencitas en edad de contraer matrimonio, aunque este espacio se destinó originalmente para descansar en medio de las funciones.

EL FANTASMA DE LA ÓPERA

La creación de Garnier no solo fue la inspiración para otros teatros en todo el mundo, sino también para un libro, un musical y algunas películas. Así, en 1910 Gaston Leroux publicó el libro El fantasma de la ópera, una historia sobre un hombre desfigurado que vive en el teatro de la ópera y atormenta a los que trabajan en él.

Andrew Lloyd Webber utilizó la historia de Leroux para crear su musical El Fantasma de la ópera, que fue estrenada en 1986, Además fue también el responsable de una adaptación cinematográfica de su musical en 2004.

By Alberto Romay, 12/10/2019 Aventurero por inquietud y escritor por placer. Viajar no solo es visitar un lugar, sino también conocer sus leyendas. Apasionado del marketing en mis tiempos libre

Alberto Romay

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