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in Asia, Jordania

Petra, el esplendor de una ciudad tallada

  • 23/02/2020
  • By Alberto Romay
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Petra, el esplendor de una ciudad tallada

La ciudad de Petra se encuentra en el valle de Aravá, a unos 80 kilómetros del mar Muerto. Para acceder a él hay que cruzar un desfiladero que, por momentos, no tiene ni dos metros de ancho. Al igual que el Machu Picchu, estuvo escondida a los ojos de la mayoría de los mortales durante cientos de años hasta que, un explorador suizo, la descubriría para el mundo. Ahora es la atracción turística más importante de toda Jordania.

Su nombre, que proviene del griego clásico y que en latín se transcribiría como Petrae, no puede ser más significativo. Éste se traduciría como roca, y no es para menos, ya que esta ciudad de más de dos milenios de historia fue excavada sobre la propia piedra. Petra llegó a su apogeo en el siglo I antes de Cristo y es una de las 7 maravillas del mundo moderno.

UNOS ORÍGENES ROJIZOS

Los hallazgos más antiguos señalan que el hombre ya habitaba la garganta del Siq (en árabe significa garganta, desfiladero), el que lleva a Petra, desde el año 6000 a.C. y puede que incluso antes. Lamentablemente no hay ninguna prueba documental que asegure que vivieran en la propia ciudad hasta ya entrado el siglo VIII a.C. Durante aquel periodo eran los edomitas los que vivían en la zona y tomaban el nombre de Edom (rojo) que era como se conocía a la región.

Poco se sabe de ellos aparte de que controlaban las rutas comerciales que conectaban Arabia, en el sur, y Damasco, en el norte y de que eran muy buenos con la cerámica. Además, eran muy hábiles en la fabricación tanto de objetos metálicos como textiles. Pero su esplendor duró poco. Ya en el siglo VIII a.C. los nabateos los desplazaron al norte para quedarse ellos con la región de Petra, a la que convirtieron en su capital. Fue a partir de ese momento cuando la ciudad empezó a desarrollarse hasta convertirse en la maravilla que hoy conocemos.

Petra, Jordania
Fachada del Tesoro, el edificio más emblemático de Petra. Pixabay
UNA ENCRUCIJADA COMERCIAL

Del pueblo nómada de los nabateos conocemos algo más de su historia, pero no de su origen. Unos creen que procedían del noroeste de Arabia, otras versiones hablan del desierto de Neguev (Israel) y, en otros casos, creen que su origen se halla en Yemen.  Lo que sí se sabe es que desde el siglo V a.C. y durante 600 años, extendieron sus dominios hacia el norte, hasta Damasco.

Al igual que los edomitas, eran buenos con la cerámica, pero también con los viñedos, la cría de caballos y el trabajo en piedra. De esto último tenemos gran variedad de pruebas, ya que fueron ellos los que excavaron la ciudad. 

Los nabateos eran buenos conocedores del desierto y unos prósperos comerciantes. No en vano, la ciudad se hizo rica gracias a ser parte importante del entramado comercial de ese periodo, cuando se crearon nuevas ciudades como Ammon Rabbath (Ammán) o Gerasa (Jerash). El historiador griego Diodoro de Sicilia afirmó que Petra acogía a numerosos mercaderes que conectaban a China, la India y el sur de Arabia con Egipto, Siria, Grecia y Roma.

Pero, como siempre, el dinero genera envidia. Así, gracias a la dificultad para acceder a la ciudad, pudieron defenderse de los enemigos que acechaban sus fronteras. Fueron sucesivos los intentos del rey seléucida Antígoco, el emperador romano Pompeyo y de Herodes el Grande de conquistar Petra, pero la ciudad siguió en poder nabateo hasta, aproximadamente, el año 100 d.C.

UNA ENORME CIUDAD ESCONDIDA

Sobre el siglo I antes de Cristo, los nabateos vivieron el periodo de su máximo esplendor. Por aquel entonces contaba con una población de entre 20 y 30 mil personas. Para hacerse una idea, Menfis, la ciudad egipcia, en el momento de su máximo apogeo no llegaba ni a 100.000 habitantes. Petra tenía casi 5 veces menos población a pesar de estar escondida.

Para los nabateos, la roca tenía una importancia vital. No es de extrañar que fueran tan hábiles tallándola. Los habitantes residían en casas de piedra con varios pisos e, incluso, una especie de baño. Pero, además, el dios principal de los nabateos, Dusares, está simbolizado en muchos bloques de piedra y obeliscos. Estos los puedes encontrar por toda la ciudad, pero también por el desfiladero que conduce a la ciudad.

Petra, Jordania
Entrada a Petra por el estrecho cañón de Al Siq. Dimitris Vetsikas

Su gran poder dependía en gran medida del comercio, no en vano eran un importante centro de artículos de lujo. Sus mercaderes comerciaban con el marfil de África, la seda de China, las perlas del Mar Rojo y la resina del árbol de incienso. Además, su influencia se nota en lugares tan dispersos como Madain Saleh, en Arabia Saudí, donde dejaron tumbas o Pozzuoli, cerca de Nápoles, donde se halló un templo nabateo.

PERDER INDEPENDENCIA Y GANAR ESPLENDOR

La influencia nabatea era cada vez más grande, hasta el punto de poner sus ojos en Damasco, una de las grandes capitales de la antigüedad. Pero tener el control de esa ciudad los hacía peligrosos a ojos de los romanos, que no se quedaron de brazos cruzados. Para el año 64 a.C., Pompeyo ordena a su gobernador en Siria, Escauro, restaurar las ciudades tomadas por los judíos, entre las que se encontraban las nabateas, sus aliados. En una guerra que duró seis años, los romanos les arrebataron Damasco obligándoles a pagar tributo, aunque se hicieron fuertes en Petra.

Años más tarde, Calígula trasladó Damasco a control nabateo por decreto. De esta manera, el romano les dejaba la defensa de una zona peligrosa, a la vez que les servía de frontera con las belicosas tribus del desierto. Los nabateos, en ese momento, lograron alcanzar su cénit, que llegó durante el mandato de Aretas IV, entre el 9 a.C. y el 40 d.C.

Este periodo estuvo marcado por un nuevo boom constructor así, de esta época, son obras como el teatro, que podía albergar hasta 6.000 personas, o alguna de las fachadas más impresionantes de la ciudad, como el  Tesoro y el Monasterio. Estos, aparte de tener rasgos helénicos, fueron tallados de arriba abajo, lo que hace aún más grandioso si cabe su vista.

LA INEXORABLE MARCHA ATRÁS

Tras la muerte de Aretas IV, el reino nabateo comenzaría su declive. Cuando Trajano gobernó Roma, instauró una nueva provincia, a la que llamó Arabia Petrea, en honor a Petra. Pero ese cambio le haría perder influencia, ya que trasladó la capital a Bosra. Este fue uno de los pasos decisivos de su caída, a lo que se une una nueva ruta comercial que dejaba de lado a la ciudad en favor de la nueva capital y Palmira. No obstante, Petra seguiría conservando su prestigio y, en más de una ocasión, sería la residencia del legado romano. Su belleza seguía intacta hasta tal punto que, uno de estos gobernadores regionales llamado Sexto Florentino, fue enterrado en su necrópolis.

Petra, Jordania
Ad-Deir, el Monasterio, es de los pocos edificios que no está escondido. David Badias

Ya en el año 330, el emperador Constantino I creó el Imperio Romano de Oriente, también conocido como Bizancio, con capital en Constantinopla. Petra y su provincia pasaron a formar parte de él, al igual que su religión, que era la cristiana. Aunque esta nueva fe trajo grandes cambios, no tuvo mucho tiempo de asentarse ya que, en el año 363 un fuerte terremoto ocasionó graves daños en monumentos y acueductos.

Casi la mitad de la ciudad fue destruida cuando sucedió el terremoto, a la tercera hora, y en particular a la novena hora de la noche.

Cirilo, obispo de Jerusalén

Con un comercio en decadencia, una ciudad con graves desperfectos y un futuro poco esperanzador, muchos de sus habitantes se marcharon, aunque la ciudad aún gozaba de cierta vitalidad. Pero en 551 un nuevo terremoto, todavía más devastador que el anterior, sacudió de nuevo la ciudad, dejándola en ruinas.

CUANDO UNA MARAVILLA LLEGÓ A SER UN VAGO RECUERDO

Pocos años después de este segundo terremoto, los árabes conquistaron la zona, pero no era más que un vago espejismo de lo que había llegado a ser. Tras los musulmanes llegaron los cruzados, que construyeron un sencillo castillo al oeste de la ciudad, pero fueron expulsados por Saladino tras la batalla de Hattin. A partir de ahí, su recuerdo se va perdiendo a través del tiempo. La ciudad de las grandes caravanas de marfil y seda dejó paso a un solar casi vacío donde solo unos pocos afortunados conocían su paradero.

Después de muchos años en el olvido, un rumor fue el origen de su redescubrimiento. Habían pasado más de 600 años desde que los cruzados abandonaran la ciudad y, aunque en la Edad Media aún tenía visitas de importancia de forma esporádica, hubo que esperar hasta principios del s. XIX para que el explorador suizo Jean Louis Burckhardt hallase los restos de la ciudad.

Este aventurero, gran conocedor de las tradiciones y la lengua árabe, se hizo pasar por uno de ellos cuando, en 1812, escucho un rumor a las afueras de a Wadi Musa acerca de unas ruinas increíbles. A pesar de la desconfianza hacia los extranjeros, debido a los conflictos de la zona, se presentó como un peregrino que deseaba sacrificar una cabra al profeta Aarón, cuya tumba estaba cerca de la ciudad. Una vez estuvo allí, supo que había encontrado la ciudad perdida de Petra.

Petra, Jordania
Vista completa del Teatro Romano. Falco
LA NOTICIA RECORRE EL MUNDO

Jean Louis Burckhardt, que se había cambiado su nombre por el de Ibrahim Ibn Abd Allah (o Sheikh Ibrahim, dependiendo de las fuentes) no pudo tomar ningún tipo de apunte cuando entró por primera vez, pero lo dejó todo escrito en un libro titulado Travels in Syria and the Holy Land, que se publicó 5 años después de su muerte. Pero ya había propagado la noticia por Oriente Próximo y Egipto y fueron muchos los que, a partir de ese momento empezaron a visitar la zona.

Petra es el lugar más glorioso del mundo

Thomas Edward Lawrence (1888 – 1935) más conocido como Lawrence de Arabia

Seis años después de su descubrimiento ya empiezan las primeras visitas serias, luego vendrían las exploraciones arqueológicas y, finalmente, desde 1830, el lugar se convierte en un centro turístico. Desde ese momento, la importancia, el interés y el conocimiento de Petra no han dejado de crecer, hasta tal punto que, en 1989, en la película Indiana Jones y la última cruzada, aparece representado como el lugar más importante de la película, pues es aquí donde se encuentra escondido el grial.

UN OASIS DE PIEDRA EN MITAD DEL DESIERTO

El porqué floreció Petra como lugar comercial se debe, entre otras cosas, al control del agua. Tanto edomitas como nabateos descubrieron no sólo como conseguir agua, sino también cómo almacenarla en un lugar desértico. Para eso desarrollaron un sofisticado sistema de acueductos, diques, embalses, cisternas, tanques y fuentes públicas que les permitían disfrutar de hasta 40 millones de litros de agua al día. Esto es casi el caudal total del río Jordán, el más caudaloso de la zona, durante una hora.

Petra, Jordania
Detalle del Teatro Romano, con los asientos excavados al fondo. Pixabay

El agua circulaba por canales excavados en las rocas y revestidos con un revoque impermeable  o por tuberías de terracota (arcilla modelada y endurecida al horno) que la usaban tanto para abastecer a la ciudad, para regar sus cultivos, como dar de beber a los animales en sus largos trayectos. Eso sí, el consumo estaba estrictamente reglamentado. Hoy en día todavía se pueden ver muchas de esas cisternas, el dique, varios embalses, así como, muchas tuberías tiradas a lo largo de la ciudad.

Pero, curiosamente, a pesar de la escasez de lluvias, la impermeabilidad de la roca (que no permite la filtración del agua) provocaba serias inundaciones de vez en cuando. La última ocurrió en 1963, donde murieron varios turistas. Para solventarlo, modificaron el cauce del río Wadi Musa para evitar que esto se volviera a repetir.

HONRAR A LOS QUE MÁS AUMENTAN SUS RIQUEZAS

Una de las curiosidades de Petra es que, sus gobernantes daban honores a los que aumentaban sus riquezas y criticaban duramente a aquellos que la reducían, por lo que no es extraño ver las impresionantes edificaciones que se levantaron por toda la ciudad, como muestra del poderío económico de cada uno.

De entre todos estos edificios, el más famoso es el Tesoro, a la entrada de Petra, el mismo que aparece en la película de Indiana Jones. A pesar del nombre, no se sabe su función exacta pero, por sus impresionantes medidas de 40 m de altura por 28 m de ancho, creen que pudo ser una tumba del siglo I.

Otros de los edificios más representativos de la ciudad también son para el descanso eterno, las llamadas Tumbas Reales. La Tumba de la Urna fue creada probablemente por Aretas IV o Maluchos II y fue convertida en iglesia cristiana en tiempo bizantino. La Tumba de la Seda recibe su nombre por la policromía que presenta su fachada y que se asemeja a un muaré de seda y finalmente, la Tumba del Palacio. Esta es una de las fachadas más grandes en Petra, pues mide unos 50 por 50 metros que, a diferencia de las demás, la parte superior fue construida en lugar de excavada.

Pero no van a ser todo tumbas, ya que otro de las zonas más importantes son la Vía de las Columnas, el Teatro Romano, cuyos asientos se construyeron directamente en la roca, o el imponente templo de roca Ad-Deir. Este último, también conocido como el Monasterio, se accede a él tras subir más de 800 escalones y, a diferencia del resto de Petra, no está oculto, sino excavado en lo alto de una montaña.

Petra, Jordania
Detalle de algunas de las tumbas de Petra. Jose Aragonés
LA GRANDE DE LAS HERMANAS

Hay mucha gente que no lo sabe pero, a 14 kilómetros de Petra, se encuentra Siq el Barid, conocida como la Pequeña Petra. Es muy similar a su hermana mayor, pero, a diferencia de Petra, que necesitas mucho tiempo para poder verla, esta tiene bastante menor extensión. Es una visita muy agradable teniendo en cuenta que es mucho más barata y con muchos menos turistas.

Muchos de los edificios de Petra no se sabe a ciencia cierta que tipo de edificios eran. Los de Siq el Barid, al haber sido un suburbio de la capital, la mayoría, colocados en un desfiladero de medio kilómetro, estaban destinado a albergar comercios en la Ruta de la Seda.

By Alberto Romay, 23/02/2020 Aventurero por inquietud y escritor por placer. Viajar no solo es visitar un lugar, sino también conocer sus leyendas. Apasionado del marketing en mis tiempos libre
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Alberto Romay

Aventurero por inquietud y escritor por placer. Viajar no solo es visitar un lugar, sino también conocer sus leyendas. Apasionado del marketing en mis tiempos libre

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