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in Asia, Uzbekistán

Samarcanda, una ciudad “aún más bella de lo que imaginaba”

  • 24/06/2020
  • By Alberto Romay
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Samarcanda, una ciudad “aún más bella de lo que imaginaba”

El origen del nombre de Samarcanda está basado en una historia de amor frustrada. Kant, la hija del rey, se enamoró de un apuesto joven de condición humilde. Pero el padre no lo podía consentir y, para quitarle esa idea de la cabeza, decidió matar al pretendiente, cuyo nombre era Samar. Cuando ella se enteró de lo ocurrido, no lo pudo soportar y se suicidó saltando por la ventana del castillo donde vivía. Entonces el pueblo se conmovió por los enamorados y decidió llamar a la ciudad con el nombre de ambos. De esta manera los dos podrían vivir eternamente juntos, algo que les prohibieron en vida.

Esta leyenda, si fuera real, tendría más de 2700 años, ya que esa es la edad que tiene la ciudad. Samarcanda es, de hecho, una de las ciudades más antiguas del mundo que continúa habitada. Y lo es debido a su estratégica situación, entre Oriente y Occidente, un punto clave de la legendaria Ruta de la Seda. Este era el punto donde todas las caravanas de comerciantes paraban para descansar y reabastecerse antes de continuar su camino.

UNA CELEBRACIÓN QUE SE LES FUE DE LAS MANOS

La historia de Uzbekistán en general, y de Samarcanda en concreto, es muy larga y muy sangrienta. Han sido muchos los pueblos que han luchado por tener el control de esta zona. No en vano, era uno de los puntos más estratégicos y desde donde se podía controlar toda la región. La fundación de la ciudad, más allá de la leyenda, la hallamos en el asentamiento de Afrasiab, en el centro de la ciudad. Fue aquí donde encontraron las dos primeras piezas de uno de los juegos más famosos de la historia, el ajedrez. Las estimaciones data la fundación entre los siglos VII y VIII a.C. a manos del rey de los Turán, un pueblo ruso cercano a Mongolia.

El primero en llegar a las puertas de Samarcanda, para conquistarla, fue Alejandro Magno. Una vez que consiguió tomarla por la fuerza, pronunció una de las frases más famosas sobre ella:

“Todo lo que he oído de Marakanda (su nombre en griego) es cierto, excepto que aún es más bella de lo que imaginaba”

Para demostrar lo hermosa que era, lo que hizo fue arrasarla hasta los cimientos. Eso si, una vez tomada la ciudad, las celebraciones fueron tan grandiosas, que se le fueron de las manos. En ellas, Alejandro Magno mató con sus propias manos a uno de sus mejores y más leales generales, Clito el Negro. Tras darse cuenta de lo que hizo, estuvo bastante tiempo deprimido. No se sabe si eso influyó o no, pero desde ese momento decidió que Samarcanda sería su base de operaciones para el resto de la campaña militar.

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Plaza de Registán con la madrasa de Ulugh Beg en primer plano y la de Tilla–Kari al fondo
TODO CAMBIÓ CUANDO NACIÓ EL COJO

Tras la disgregación del imperio creado por el gran general macedonio, la ciudad fue pasando de mano en mano. Fueron muchas las civilizaciones que pusieron sus ojos en la ciudad, y eso que no era nada fácil conquistarla. A pesar de su poderosa ciudadela, chinos, persas, árabes, turcos, samánidas, qarajánidas, selyúcidas… se hicieron con su control a lo largo del tiempo. Y todo eso solo hasta el año 1220, que fue cuando Gengis Khan la destruyó otra vez.

El Gran Khan tomó la ciudad en su avance hacia Europa. Nada ni nadie parecía capaz de detenerlo, salvo él mismo. Una caída del caballo le provocó heridas graves de las que no pudo recuperarse. Moría a los 65 años de edad. Tras su muerte y la de su hijo, el imperio empezó una constante decadencia provocada por varios motivos.

El principal fue la muerte de Subotai, el principal estratega y general de ambos. Además, la gran fortaleza de los mongoles, su ejército, era a su vez su gran limitación. Eran jinetes muy hábiles y temerosos en combate, pero sus tácticas sólo eran buenas cuando podían maniobrar. En terrenos adversos o montañosos su capacidad de ataque estaba mucho más limitada. Por otra parte empezaron las luchas internas entre ellos, con unos Khanes más centrados en beber que en gobernar. Y luego ya, para colmo, el uso de la pólvora se popularizó, dejando en anticuadas las tácticas mongolas.

Pero todo cambió cuando una calurosa mañana de abril de 1336 nació un niño que pasaría a la historia como El cojo. Y nació a menos de dos días de viaje de Samarcanda, ciudad que tomó por capital.

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Patio interior de madrasa de Ulugh Beg. Francisco Anzola
UN JARDÍN DEL ALMA QUE ES EL CENTRO DEL MUNDO

Timür-i lang, traducido como Timur el Cojo, fue un digno heredero del Imperio Mongol, aunque sus influencias ya eran turcas. En Europa lo llamaron Tamerlán y, durante el apogeo de su gobierno, tuvo casi el 10% del territorio mundial bajo su mando. Nació en una familia noble musulmana y subió en la escala social hasta el punto de poner khanes títeres y gobernar en su nombre. Esto lo hacía para seguir la ley, ya que solo los descendientes del gran Gengis podían serlo.

Lo primero que hizo fue dirigirse al valle de Ferganá, una zona muy fértil que dotaría de alimentos a sus territorios. Una vez conquistado, empezó sus campañas a diestro y siniestro. A lo largo de sus 35 años de reinado amplió las fronteras en todas las direcciones. A grandes rasgos sus territorios incluían todos los –istán (Uzbekistán, Kazajistán, Pakistán…) e Irán, aunque en sus campañas llegó hasta la costa mediterránea, en la zona de la actual Turquía.

Tamerlán fijó su residencia en Samarcanda y fue gracias a él cuando la ciudad se desarrolló de forma espectacular. Bajo su gobierno recibió los cientos de nombres por la que ha sido conocida, a cada cual mejor que la anterior. Centro del Universo, Espejo del Mundo, Jardín del Alma, Perla del Este o Joya del Islam… y eso son solo algunos de los ejemplos.

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La plaza de Registán es el centro neurálgico de la ciudad de Samarcanda
UNA CABEZA CORTADA EN UN BARRIO RICO

La historia ha tratado de cruel e implacable a Tamerlán. Es muy probable que sea cierto pues, para gobernar una tribu guerrera, no puedes parecer débil. Pero también se la ha ganado de sabio y generoso. Y lo ha hecho porque, de cada ciudad conquistada, perdonaba la vida a arquitectos y artistas y los llevaba consigo a la capital. De esta manera podemos entender mucho mejor los apelativos que recibió.

Bajo su gobierno Samarcanda cambió casi radicalmente. Pero lo que no tocó fue el Shah-i-Zinda, la necrópolis donde está enterrado un primo de Mahoma. Éste, llamado Qusam ibn Abbas, fue quien introdujo el islam en esta zona en el siglo VII y fue enterrado aquí tras su muerte. Aunque ésta fue un poco particular.

Lo que se cuenta es que a ibn Abbas lo capturaron cuando estaba rezando y la sentencia fue la muerte. Pero la decapitación no fue tan bien como esperaban ya que, tras la ejecución, sostuvo su cabeza en una mano y vivió con ella en un pozo hasta morir de viejo. Verdad o no, su tumba la instalaron en un barrio que, con los años, se fue llenando de casas de gente rica. Y todo eso hasta la llegada de Tamerlán, que convirtió a la zona en la necrópolis oficial de la dinastía Timúrida, la creada por él.

En esta necrópolis, que fue creciendo hasta el siglo XIX, hay enterrados desde reyes hasta gente más humilde. Entre ellos se encuentra Kazy Zadé Roumi, un famoso astrólogo y matemático que hizo un catálogo estelar que facilitó la comprensión de las estrellas.

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La necrópolis de Shah-i-Zinda es la necrópolis oficial del Imperio Timúrida
UNA SALA DE TROFEOS CONVERTIDA EN CIUDAD

Durante el gobierno de El Cojo, la ciudad creció tanto que, la Europa medieval, parecía que estaba a siglos de distancia de ellos. Pero esa misma Europa fue la que le empezó a mandar emisarios para ganarse su favor. Ya saben, el enemigo de mi enemigo es mi amigo. En este caso era el sultán otomano Bāyazīd I, al que Tamerlán lo llevó de derrota en derrota. Así, y tras un intercambio de diplomáticos, Ruy de Clavijo, enviado por el rey de España, llegó a Samarcanda.

Mirad aquí estos embajadores, son éstos los que me envía mi hijo, el Rey de España, que es el mayor rey que hay en los francos

Este enviado español quedó asombrado por la ciudad y por el gobernador, que acabaron siendo muy amigos. Había sabido conjugar y rodearse de lo mejor de Oriente y de Occidente. En los mercados no se quedaba atrás. Había cuero de Rusia y Mongolia, seda y diamantes de China, perlas de Indochina, especias de la India… la ciudad en si era como una sala de trofeos de todos los territorios conquistados.

Cuando llegó Ruy de Clavijo, Tamerlán ya era un hombre mayor. Mucho. No en vano contaba con 68 años de edad. Pero su fuerza y vitalidad seguían intactos. Llegó a tiempo para ver como casi un centenar de elefantes traían mármol blanco para reconstruir una mezquita al gusto de su mujer. Unas obras que dicen sólo necesitaron 10 días para acabarse…

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Se libró de los saqueos al ser un lugar de descaso eterno
UNA MEZQUITA, UNA COPA DE VINO Y UN BESO

En el origen de esta mezquita, posiblemente una de las más bellas de Samarcanda, hay dos leyendas que se mezclan entre si. Bibi Khanum era la esposa favorita de Tamerlán, una princesa china en la que delegó las obras para acabarlo. Quería que la acabara a su gusto, ya que él estaba muy ocupado preparando una nueva campaña militar. Pero el arquitecto de la obra se enamoró perdidamente de Bibi y, para verla más, retrasó su finalización todo lo que pudo.

Por ese motivo, ella llegó un día muy disgustada y le recriminó al arquitecto la demora. Él le contesto que podría acelerarlo todo si le daba un beso. Ella se negó con una metáfora. Le dijo que si le trajera huevos pintados de diferente color, todos los huevos sabrían igual, así que le daría la esclava que quisiera. Pero él contestó pidiendo a uno de sus sirvientes que le trajera una copa de agua y una de vino. Le explicó que ambos le quitaban la sed, pero que solo uno le embriagaba. Ella, ante tal explicación accedió, pero solo sería un beso y fugaz. El arquitecto no se pudo contener ante su belleza y, por culpa de la pasión, le dejó una pequeña marca en el labio.

Cuando llegó el gobernador se percató de la marca y pidió la cabeza del arquitecto, que había huido. A ella la llevó a una torre y la arrojó por la ventana. Por suerte, los ropajes amortiguaron su caída y no murió, pero desde entonces obligó a las mujeres a taparse el rostro. El edificio acabó llamándose como ella, la Mezquita de Bibi Khanum.

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La mezquita de Bibi Khanum es, tal vez, la más bonita de toda Samarcanda
NI A CASA, NI A CHINA… A LA TUMBA DEL REY

No sabemos si Ruy de Clavijo llegó a ver la Mezquita de Bibi Khanum acabada, ya que sólo pudo pasar 3 meses en Samarcanda. En ese momento, Tamerlán estaba preparando una campaña contra China, pero la muerte lo sorprendió. Lamentando su muerte, hubo que preparar un gran funeral de estado. No en vano moría el general más grande que había dado la historia de esa región y donde aún sigue siendo venerado.

Pero la tumba donde está enterrado no fue concebida para él, sino para su nieto, el Sultán Muhammad. Éste no sólo era su nieto favorito, sino que también iba a ser su heredero. Por eso había ordenado construir un mausoleo para él, uno digno de un rey. Pero Tamerlán también murió, y lo hizo en febrero, momento en el que el camino hacia su ciudad de nacimiento estaba inundado. Era allí donde tenía planeado pasar a la otra vida, pero tuvieron que cambiar de planes. Lo incineraron y lo colocaron junto a su nieto. Lo hicieron en Gur-e-Amir, que significa literalmente Tumba del Rey.

Tras su entierro, Gur-e-Amir se convirtió en el mausoleo oficial de la familia. No en vano, aquí reposan dos de los hijos del general junto a otros familiares. Y lo hacen bajo unos mosaicos con piezas hexagonales de ónice y lapislázuli e inscripciones de letras de oro sobre un fondo de jaspe verde. Éste, un símbolo musulmán que representa el cielo y la armonía cósmica, se encuentra también en lugares tan distantes como la Alhambra de Granada.

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Estos son los delicados techos de Gur-e-Amir, la Tumba del rey
EL BISNIETO DEL BISNIETO Y EL TAJ MAHAL

Gur-e-Amir ha tenido mucha importancia posterior en el terreno de la arquitectura. Esta tumba se puede considerar el modelo y precursor de las grandes tumbas del estilo mogol. Éstos (y no con confundiros con los mongoles) son herederos del legado de Tamerlán. No en vano fue uno de sus descendientes quién inició esta dinastía.

Para hacerse una idea más clara, tras la muerte del general, el imperio que había creado no duró mucho. Bueno, duró un siglo, pero la estructura y las fronteras que había conseguido cambiaron muy rápido. Y siempre para peor. Como pasó en otras partes del mundo, todos querían ostentar el poder supremo, pero ninguno lo consiguió. Y la historia de la desfragmentación de este imperio es muy similar a la del Imperio Romano, pero en versión turbo. Al principio, el cambio de los gobernantes fue muy rápido, hasta enlazar 3 en dos años. Luego hubo un pequeño periodo de estabilidad hasta que volvieron con lo mismo. Muchos gobernantes en poco tiempo, luego dividieron del territorio, lo volvieron a dividir… hasta acabar engullidos.

Cada uno de esos gobernadores llevó el estilo de Gur-e-Amir a los territorios sobre los que regían. Incluido un bisnieto de Tamerlán, conocido como Babur. Éste, al no poder hacerse con el control de Samarcanda, buscó otros territorios donde instalarse y los encontró cruzando el Hindú Kush. Allí, en lo que ahora es la India, instaló, desarrolló y potenció este tipo de arquitectura. La máxima expresión de este arte fue una obra cumbre del arte mundial, el Taj Mahal. Como curiosidad, este edificio fue obra de su bisnieto, es decir, el bisnieto del bisnieto de Tamerlán.

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La madrasa de Ulugh Beg tiene más de 500 años
PROFUNDIZAR PARA VER LAS CICATRICES

Ya desde mucho antes de la llegada al poder de Tamerlán, el centro de la ciudad estaba dispuesto en la plaza del Registán. Su traducción, Lugar de arena, deja muy claro lo que había sido en el pasado. Pero con el paso de los años pasó a ser el centro neurálgico de la ciudad. Por eso, no es extraño, que pensasen en instalar los edificios más importantes de la ciudad aquí.

El primero que lo hizo, y que todavía quede constancia, es de Ulugh Beg, que construyó la madrasa que lleva su nombre. Esto no es más que una escuela, pero lo elevo a la categoría de arte por su diseño y estética. No en vano, destacó en matemáticas y astronomía y era muy amigo de Kazy Zadé Roumi, el que está enterrado en la necrópolis de Shah-i-Zinda.

La madrasa de Ulugh Beg fue levantada entre 1417 y 1420 y a ella asistían unos 100 estudiantes. Tenía tanta fama, que fue considerada un importante centro de educación islámico. Hoy en día es la más antigua de Asia Central y una de las más grandes de todo el continente. Pero su cometido ha cambiado mucho ya que, ahora, son comerciantes los que habitan y llenan sus salas interiores.

Pero a pesar de su buen aspecto exterior, por dentro tiene daños estructurales, probablemente provocados por terremotos. Los soviéticos, una vez conquistado Uzbekistán ya entrado el siglo XX, la reconstruyeron, aunque tomándose ciertas licencias. Las grietas del interior han quedado como recuerdo de unas cicatrices en las que hay que profundizar para verlas.

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La madrasa de Sher-Dor significa significa Residencia de los Leones
COLAPSAR AL INTENTAR SER MÁS BELLA

Pero la de Ulugh Beg no es la única de la plaza del Registán. Justo enfrente, a modo de espejo, se encuentra la madrasa de Sher-Dor. Si echas un vistazo rápido, pueden parecer similares, pero no es así. Entre otras cosas porque el Islam prohíbe hacer copias idénticas de algo. Pero si se han saltado la ley islámica en una cosa, han recreado figuras, en este caso la de dos animales. A pesar de que Sher-Dor significa Residencia de los Leones, estas dos figuras representadas se asemejan más a tigres que al rey de la selva.

Otra de las grandes diferencias es que, ésta, se construyó dos siglos después de la de Ulugh Beg. Su arquitecto trató de asemejar lo máximo posible una a la otra, para luego tratar de superarla en belleza. Pero los 17 años que necesitó para construirla parece que no fueron suficientes. A las pocas décadas de haber finalizado su construcción, Samarcanda vio como la cúpula colapsaba y el edificio quedaba en ruinas.

Hubo que esperar hasta el siglo XX, cuando decidieron recuperar la historia de Uzbekistán y, esta madrasa, era uno de los principales objetivos. Gracias a esta rehabilitación, que modificaron las deficiencias técnicas de su edificación, el edificio recuperó parte de su aspecto pasado. Y lo hicieron utilizando las mismas técnicas que tuvieron que haber utilizado en el siglo XVII, cuando fue levantada. Eso si, antes de ver su colapso aún les dio tiempo a levantar la tercera madrasa de la plaza del Registán, la que se halla en medio de ambas.

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Tilla-Kari significa Acabada en oro. Su visita al interior es obligatoria
LA ACABADA EN ORO

Esta tercera, llamada madrasa de Tilla-Kari, es la del centro de las imágenes cuando vemos una foto de la plaza del Registán. Fue levantada justo antes de empezar la decadencia de la Ruta de la Seda por vía terrestre. No en vano, las potencias europeas ya habían empezado a abrir sus factorías por toda la costa del mar Índico. Aún así trataron de demostrar su poderío construyendo la que puede ser la más bella de las tres, la Acabada en oro.

Para aquel entonces, había otra dinastía que se sentaba en el trono de Samarcanda. Esta sería su obra cumbre y para ello pusieron todo su empeño. Destruyeron el caravasar situado en el borde de la plaza y usaron ese terreno para levantarla. No sólo sería una madrasa, sino que también tendría una mezquita donde orar sin tener que salir del edificio. Prueba de ese empeño son sus increíbles pinturas y la rica capa de oro de las paredes interiores de la sala principal de la mezquita.

Y, al igual que las otras dos, fue destruida por un terremoto a principios del siglo XIX. Y también tuvo que esperar, en su caso más de 100 años, para que empezaran a devolverse su pasada gloria. Pero en esas reconstrucciones perdió casi todas las decoraciones en oro con las que había sido diseñada. A pesar de eso necesitaron casi 40 años para finalizar la rehabilitación del edificio.

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Vista aérea de la madrasa de Sher-Dor. Arian Zwegers
AÚN MAS BELLA DE LO QUE IMAGINABA

Desde que acabaron de construir Tilla-Kari las cosas por la zona no fueron fáciles. Nunca lo habían sido, pero antes el dinero fluía de forma constante. Pero ahora los mercaderes preferían utilizar una ruta más rápida y segura por mar antes que recorrer miles de kilómetros atravesando toda Asia Central. No en vano, Uzbekistán es, junto a Liechtenstein, el único país del mundo que necesita cruzar dos fronteras para tener salida al mar.

Con la caída de ingresos, les fue muy complicado poder defenderse. Los enemigos tenían ejércitos más grandes y mejor armados. De esa manera, y agravada por los problemas internos del país, acabaron siendo los soviéticos los que se quedaran con Samarcanda. Pero éstos se quedaron prendados de la ciudad y fueron los que empezaron con las obras para recuperar el prestigio perdido.

Hoy en día, Uzbekistán está abriendo sus fronteras al turismo y eso lo agradecen sus edificios históricos, ya que tratan de mantenerlos en buen estado de conservación. Aún así, si miramos un poco más adentro aún podremos ver esas heridas del pasado. Aún así, si visitamos Samarcanda, y como ya había dicho Alejandro Magno hace más de 2.000 años, “aún es más bella de lo que imaginaba”.

By Alberto Romay, 24/06/2020 Aventurero por inquietud y escritor por placer. Viajar no solo es visitar un lugar, sino también conocer sus leyendas. Apasionado del marketing en mis tiempos libre

Alberto Romay

Aventurero por inquietud y escritor por placer. Viajar no solo es visitar un lugar, sino también conocer sus leyendas. Apasionado del marketing en mis tiempos libre

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