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in Europa, Italia

Santa María del Fiore, la majestuosidad de una envidia

  • 16/02/2020
  • By Alberto Romay
  • 2 Comments
Santa María del Fiore, la majestuosidad de una envidia

Florencia es una de las ciudades más bellas de todo el mundo, ya que sus calles son un verdadero museo al aire libre. Pero entre toda esa belleza, si miramos desde lo alto de Plaza de Michelangelo, hay una figura que destaca sobre todas las demás. Esta no es otra que la de Santa María del Fiore, la majestuosa catedral de la ciudad, cuyos orígenes se remontan al imperio romano.

Así, la actual Santa María del Fiore fue construida en el momento de mayor esplendor de la capital toscana, durante los siglos XIII y siglo XIV. Y lo hicieron para competir contra las recientes catedrales de Siena y Pisa, demostrando así su poderío. El resultado, la catedral florentina fue (y es) uno de los edificios más grandes de la cristiandad.

DE LA RIVALIDAD SURGIÓ UNA MARAVILLA

En Italia, durante la Edad Media, Florencia era una de las ciudades más ricas y poderosas. Pero cerca de su zona de influencia había otras dos que le hacían sombra, sobre todo en temas religiosos. Por un lado estaba Pisa, que en el año 1063 había empezado a construir su catedral, la que se encuentra junto a la famosa torre inclinada de la ciudad, mientras que, por otro, se encontraba Siena.

Esta última es una ciudad de la Toscana que se encuentra a unos 70 kilómetros de Florencia que, hasta el año 1100, tuvo un desarrollo bajo ya que se encontraba lejos de las rutas de las calzadas romanas. Pero a partir de ese año evolucionó de forma exponencial y, para el año 1215, empezaron a construir la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Siena.

Al igual que Santa María del Fiore, está construida en el gótico toscano, imitando en muchos detalles la florentina a la de la Asunción, de la que toma inspiración y estilo. Ambas ciudades compitieron para ver cual construía la catedral católica más grande del mundo en ese momento, pero un brote de peste negra en 1348 hizo que la ampliación que tenían pensado los sienéses fuera parada. De esa manera, Santa María del Fiore se quedó como la catedral cristiana más grande del mundo hasta la finalización de la Catedral de Sevilla, en España.

Duomo de Florencia o Catedral de Florencia
Panorámica de Florencia y de Santa Maria del Fiore. Pixabay
CUANDO LOS FIELES ABARROTABAN LA ESTANCIA

Santa María del Fiore no se erigió en un espacio nuevo, sino que fue levantada sobre la antigua iglesia Santa Reparata. Esta era una iglesia del s. IV y uno de los templos primitivos más importantes de la zona de la Toscana. Se cree que era muy parecida a la iglesia de la abadía de Pomposa, cerca de Ferrara, que aún sigue en pie.

Santa Reparata tenía tres naves con columnas que las separaban y un coro en forma de ábside que se había quedado pequeña para la cantidad de fieles que acudían a ella. Para hacerse una idea, era casi una tercera parte más pequeña que la actual catedral, pues solo medía unos 60 metros de longitud por 25 de anchura.

Así, en 1294, una generación después de que se levantara la Catedral de Siena, se decretó la construcción de Santa María del Fiore utilizando como base la antigua iglesia dedicada a Santa Reparata, que ya necesitaba importantes reformas. Pero no fue hasta el 8 de septiembre de 1296 cuando se realizó la ceremonia de bendición de la primera piedra. De esta manera, Florencia quería sobrepasar a sus rivales locales con una iglesia más pomposa, más grande en tamaño y con detalles más caros en el exterior.

UNA CONSTRUCCIÓN DEMORADA EN EL TIEMPO

El arquitecto encargado de tal obra fue Arnolfo di Cambio, aunque su diseño fue alterado varias veces y, más tarde, reducido en tamaño debido al enorme peso que debería soportar. Arnolfo, durante su tiempo de aprendiz, había trabajado en el púlpito de la Catedral de Siena, por lo que la conocía muy bien y de la que, seguramente, había tomado ideas. Pero, tras seis años como encargado de la obra, falleció. Tras su muerte acaecida en 1302, los trabajos en la catedral decayeron mucho, hasta el punto de suspenderse casi treinta años.

En el año 1321 se habían asignado las obras a cinco de los siete grandes Gremios de “las llamadas Artes” de la ciudad, los cuales se iban turnando anualmente. Pero las obras estaban casi paradas hasta que, en 1331, el gremio de la Lana asumió el patronazgo exclusivo. Gracias al impulso que estos le otorgaron y al descubrimiento de las reliquias de san Zenobio, en Santa Reparata, se relanzó la construcción de la catedral. Tres años después, nombraron a Giotto di Bondone como maestro de obras, asistido por Andrea Pisano, que continuaron el diseño de Arnolfo. Cuando en 1337 murió Giotto, Andrea continuó con los trabajos hasta que estos tuvieron que ser abandonados a causa de los estragos causados por la Peste Negra de 1348.

Duomo de Florencia o Catedral de Florencia
Lateral de Santa Maria del Fiore. Pixabay
UN NUEVO IMPULSO CONSTRUCTOR Y UN GRAVE PROBLEMA

Tras cesar la peste, que se llevó casi a la mitad de la población, en 1355 se reemprenden los trabajos dentro de la catedral. Entre esos arquitectos destacaron Francesco Talenti, que acabó el campanario y amplió el proyecto con el ábside y las capillas laterales, y Giovanni di Lapo Ghini, que dividió la nave central en cuatro crujías cuadradas.

Para el año 1375, gracias a los grandes avances llevados a cabo en Santa María del Fiore, se procedió a demoler la vieja iglesia de Santa Reparata, aunque no fue hasta cinco años después de la demolición cuando se acabo la nave. Pero aún quedaba aún un gran escollo que solventar, pues la cúpula seguía sin estar construida debido a sus dimensiones y su dificultad para acabarla.

Así, para el 19 de agosto de 1418 se anunció el concurso para la construcción de la cúpula de Santa María del Fiore. Tras más de un siglo desde el inicio de las obras de construcción debía llevarse a cabo el remate y culminación de todo el trabajo realizado. El premio, 200 florines, lo el equivalente al trabajo de dos años.

Aunque ese premio era un gran reclamo, la construcción de la cúpula era un tema que preocupaba a todo el mundo, pues hasta ese momento no se tenía ninguna idea de cómo podían trazar el diseño de la cúpula de mayor diámetro jamás construida.

UNA IDEA REVOLUCIONARIA QUE NO AGRADABA A TODOS

Fueron muchos los que se presentaron, pero entre todos ellos destacaron dos: Lorenzo Ghiberti y Filippo Brunelleschi. Como todos, tuvieron que crear una maqueta de su cúpula y les concedieron 4 albañiles para ayudarles. Así, mientras el primero solo tardó cuatro días, Brunelleschi hizo trabajar a sus albañiles durante 3 meses.

Pero la propuesta de Filippo fue recogida con cierta ingenuidad y no recibió el apoyo del jurado debido a lo revolucionaria de la idea. Él proponía eliminar la cimbra, que era el mayor quebradero de cabeza, y construirla sin una subestructura de madera que la sustentara. Pero una cosa más jugaba en su contra, pues se mostraba reacio a mostrar los planos y el sistema que emplearía.

La leyenda cuenta que Filippo retó al jurado a dejar un huevo de pie en la mesa pero, tras varios intentos, todos fracasaron. Él cogió el huevo y, con un golpe en la mesa, rompió un poco la punta de la cáscara, manteniéndose así en pie. Los jueces aseguraron que ellos también lo podrían haber hecho si lo hubiesen sabido, a lo que Filippo, sutilmente, afirmó que lo mismo ocurriría con su cúpula, si vieran los planos ellos también sabrían hacerla.

Finalmente, el premio quedaría desierto, pero en la catedral ocurrieron grandes cambios. El arquitecto a cargo fue jubilado y nombrado a un albañil que ya había trabajado en la catedral, pero que no tenía la experiencia necesaria. Para ayudarle, contrataron a Filippo y a Lorenzo. Eso sí, el diseño que tenían que seguir sería el de Filippo Brunelleschi.

Duomo de Florencia o Catedral de Florencia
Cúpula de Santa Maria del Fiore. Pixabay
UN GENIO PARA LEVANTAR UNA CÚPULA Y MONTAR UNA FARSA

El 7 de agosto de 1420 comenzaron las obras de la cúpula. Pero los trabajos eran muy duros, pues se echaban muchas horas y estaban mal pagadas. Además era un proyecto sin precedentes que se construiría a base de prueba y error.

Se tuvo que diseñar un nuevo montacargas que aguantase un mayor peso, así como numerosos mecanismos para facilitar la construcción, casi todos idea de Brunelleschi. Como Lorenzo Ghiberti y él tenían la misma consideración y su palabra siempre era puesta en duda, a pesar de que era el que solventaba los problemas más graves, se le ocurrió una idea.

Un día, después de una teatral exhibición, fingió estar enfermo, por lo que se quedó varias semanas sin salir de cama. Una vez “recuperado” puso en duda todo el trabajo realizado por Lorenzo Ghiberti logrando que éste fuera despedido mientras que a él le triplicaron el sueldo.

A pesar de que los problemas no dejaban de crecer a medida de que la cúpula se cerraba, esta finalmente fue acabada el 30 de agosto de 1435 y consagrada un año después por el papa Eugenio IV. Como no podía ser de otra manera, hubo una gran fiesta en la ciudad para celebrar el evento. La cúpula más grande de la historia hasta el momento, había sido concluida y, Santa María del Fiore, por fin quedaba cerrada.

UNA CÚPULA SIN CORONAR Y UNA FACHADA EN EL LIMBO

La cúpula estaba cerrada, pero aún faltaba el toque definitivo, el detalle que la coronaría. A pesar de que Filippo Brunelleschi había sido el encargado del diseño y de la ejecución de la obra, se sacó otra vez a concurso. Fueron muchos los que se volvieron a presentar… y perder, porque Brunelleschi fue de nuevo el vencedor.

La linterna con la que Filippo quería coronar la cúpula se inició una década después de acabar de cerrarse ésta. Pero a los pocos meses de empezarla a construir, murió. Fue enterrado en la capilla sur, aunque sin grandes homenajes, y en una lápida de mármol que reza:

CORPUS MAGNI INGENII VIRI PHILIPPI BRUNELLESCHI FIORENTINI

“Aquí yace el cuerpo del grande e ingenioso hombre Filippo Brunelleschi de Florencia”

Lápida de Filippo Brunelleschi

Las obras no podían parar, pero su construcción se ralentizó durante 25 años. Fueron multitud de arquitectos los que intervinieron en su construcción hasta que, finalmente, en 1461 se acabó completamente.

La fachada exterior era otra historia. La original diseñada por Arnolfo di Cambio no se empezó a construir hasta casi 50 años después de su muerte, pero fue demolida en el s. XVI por orden de Francisco I de Médicis porque “ya no estaba de moda”.  Así, entre dejadez, corrupción y el paso del tiempo, hasta el s. XIX, la fachada quedó descubierta.

Finalmente, fue a finales de ese siglo cuando se acabó de construir la fachada pero, entre que se inició un nuevo concurso (1864), se dictó un vencedor (1871), se iniciaron las obras (1876) y se acabaron (1887) habían pasado casi 500 años con ella a medio hacer.

Duomo de Florencia o Catedral de Florencia
Fachada de Santa Maria del Fiore. Pixabay
EL BAPTISTERIO Y EL CAMPANARIO

Aunque muchas de las decoraciones interiores de la iglesia se han perdido o han sido trasladadas al Museo de la Opera del Duomo, la vista de la fachada, la cúpula y las vistas desde la linterna de la cúpula son una visita obligada. Pero, además, dos de los acompañantes de esta iglesia merecen también una mención.

Por un lado está el campanario, que está anexo y no adosado, que fue obra Giotto y que comenzó a construirse al mismo tiempo que la iglesia. Finalizada entre 1349 y 1359 y con 84 metros de altura, sus líneas rectas contrastan con la curvatura de la cúpula. La decoración de mármoles de colores se repite en todos los niveles, en los que se pueden observar vanos más anchos para descargar peso de la estructura.

Por otro está el baptisterio. Éste es el tercer elemento de la Piazza del Duomo y se encuentra justo enfrente de la fachada de Santa María del Fiore. El edificio, también de planta octogonal como la cúpula, está dedicado a san Juan Bautista. A pesar de lo que pueda parecer, su origen data del siglo IV o V, siendo anterior a Santa Reparata. Aunque fue remodelada varias veces, el diseño que vemos ahora data del siglo XII, salvo las increíbles puertas de bronce, que empezaron a colocarse en 1329, justo dos años antes de que la catedral recobrara su impulso constructor.

By Alberto Romay, 16/02/2020 Aventurero por inquietud y escritor por placer. Viajar no solo es visitar un lugar, sino también conocer sus leyendas. Apasionado del marketing en mis tiempos libre
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Alberto Romay

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